No solo son un referente de modelo agrícola para la ONU, sino que además son estructuras de lucha contra el cambio climático. Los invernaderos del sureste español son sostenibles, medioambientalmente hablando.
La variabilidad de temperaturas para el sudeste y este de España tiende a aumentar +0,54ºC por década desde 1973, sin embargo, las estaciones meteorológicas de Almería, próximas a invernaderos, reportan la tendencia opuesta: un enfriamiento de -0,30ºC por década para el mismo periodo. Esto es debido a la superficie plástica de color blanco de los invernaderos, que ha propiciado el aumento del coeficiente de reflexión para la radiación solar, conocido como albedo, en +0,09 respecto al terreno original. La temperatura media anual ha tenido una reducción de -0,25ºC en la zona del sureste español gracias a los invernaderos.
El efecto albedo de los invernaderos de Almería es comparable con el que produce la nieve sobre un bosque en altas latitudes.
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Además, otro dato muy positivo es que las plantas actúan como sumideros de carbono, y para sorpresa de muchos, lo que encontramos en el interior de los invernaderos de Almería, debajo de ese manto blanco de superficie plástica, son plantas. Diferentes investigaciones científicas (CSIC) comprobaron la capacidad de absorción de CO2 de los diferentes cultivos, obteniéndose muy buenos resultados para las hortalizas. En definitiva, la horticultura se puede convertir en un mecanismo efectivo para mitigar el incremento de C02 atmosférico.
Cada hectárea de invernadero en Almería es capaz de fijar entre 8 y 10 toneladas anuales de CO2, o lo que es lo mismo, cada hectárea absorbe la emisión diaria de 8 coches.
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Además, la agricultura a nivel global representa aproximadamente un tercio de los GEI (Gases de Efecto Invernadero), pero estos son debido a la deforestación tropical, metano emitido por el ganado, cultivo de arroz y óxido nitroso proveniente de los suelos fertilizados con nitrógeno y abono. La aportación de la agricultura en invernadero a los GEI es ínfima, los productos hortícolas tienen una huella de carbono reducida.



