“Lo que se produce en los invernaderos de Almería es un gran beneficio para la humanidad”

Miguel Ángel Martínez González.

Entrevista a Miguel Ángel Martínez-González, Premio Nacional de Investigación Gregorio Marañón de Medicina, catedrático de Harvard y de la Universidad de Navarra durante su participación en el Foro Alimentación Saludable de ABC e IDEAL

Antes de nada, definamos la dieta mediterránea, que probablemente se usa muchas veces a la ligera en el mundo de la alimentación

En el libro Salud a ciencia cierta cito a la que se considera la madre de la dieta mediterránea, la investigadora griega Antonia Trichopoulou, con la que he conversado bastante para publicar un artículo en el que nos interesaba decir qué no es la dieta mediterránea. Porque se habla mucho de lo que contiene, pero poco de lo que hay que reducir; y en nutrición es fundamental la sustitución.

Cuando hablamos de aceite de oliva, fruta, verdura, legumbres, cereales, pescado… hay que decir de ellos que sustituyan los alimentos insanos. Las carnes rojas, postres dulces, bebidas azucaradas, mantequillas, pan blanco, las galletas, los ultrasprocesados son los que hay que quitar y sustituirlos por los otros sanos. Sin embargo, la dieta mediterránea no es la que se sigue hoy día en España, en Grecia o en Italia, estamos lejísimos.

El estudio realizado por los investigadores de Medicina Preventiva de la Universidad Autónoma de Madrid, que considero el más riguroso realizado, maneja una escala de 0 a 14, y los españoles no llegamos de media ni siquiera a un 6.

Por tanto, estamos muy lejos de la dieta mediterránea y estamos superinvadidos de productos ultraprocesados. Todo esto está produciendo un daño a la salud sin precedentes y es muy difícil que sobreviva nuestro sistema nacional de salud, porque ha pasado la pandemia de la Covid-19 pero la que está aquí para quedarse es la de la obesidad, con unas tasas malísimas. En el último estudio sobre obesidad en Europa, de los 22 países analizados, el peor parado era España.

Estamos saliendo de una pandemia, donde nos empezamos a preocupar de la salud, ¿Hemos mejorado, estamos alimentándonos mejor?

Creo que es difícil responder y nos faltan buenos estudios poblacionales y epidemiológicos que avalen algo así. La tendencia es cierta mejora en los más mayores, pero cuanto más joven es la población más lejos está de la dieta mediterránea.

En los invernaderos del sur de Europa se producen hortalizas casi todo el año. ¿Qué papel cree que juegan las frutas y hortalizas de los invernaderos?

Cuando me nombraron catedrático invitado de la Universidad de Harvard en 2016, tuve la suerte de que uno de los alumnos de doctorado, Daniel Wang, hiciera una gran aportación, publicada en la revista Circulation, top de cardiología.

Basado en un estudio sobre 64.000 mujeres durante 30 años y otro estudio sobre 42.000 hombres durante 28 años, con mediciones repetidas de sus hábitos alimentarios se pudo comprobar qué consecuencias tenía el consumo de 5 o más raciones al día de frutas o verduras, lo que se ha dicho siempre, pero no se tenía una evidencia científica hasta este estudio del que hablo.

La comparación de quien consumía 5 piezas de frutas y verduras al día con aquellos que consumían 2 o menos, reducía la mortalidad total en más de un 13%, y cuando se veía la causa como mortalidad por cáncer, por infarto, los resultados son muy claros.

No contento con esto, lo que hizo Daniel fue revisar otros veinticuatro estudios realizados ya sobre millones de personas y se constataba también que el punto donde se estabilizaba la reducción del riesgo cardiovascular era con el consumo de cinco o seis piezas diarias.

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Esto a nosotros nos alegro porque uno de los puntos clave de nuestros estudios, y España ha dado el campanazo, es que unas 7.000 personas observadas durante cinco años que comían tres piezas de fruta y dos raciones de verdura demostraron una reducción del 30% en muertes cardiovasculares.

«Por eso creo que lo que se produce en los invernaderos de Almería es un gran beneficio para la humanidad y avalado por la mejor evidencia científica posible».

Recientemente se ha puesto en marcha una petición de firmas por parte de 5 al Día con la colaboración de Cajamar para que la nutrición se lleve a las aulas ¿Qué le parece?

Me parece imprescindible, y es que actualmente los médicos acaban la carrera sin saber nutrición. Es decir, no sólo enseñarlo en Primaria o en las Enseñanzas Medias, sino que los currículos de las facultades de medicina son deficitarios en nutrición.

Hay una asignatura de endocrinología y nutrición que es un 99 por ciento endocrinología y un 1 por ciento es nutrición.  La enfermedad de Addison le ocurre a una persona sobre un millón. Eso es endocrino, pero comer, comemos todos los días.

Miguel Ángel Martínez González.
Un momento de la entrevista. FOTOS: IDEAL

Hay mucho énfasis en las “medicinas” preventivas y no en la verdaderamente preventiva que es el cambio de conductas nutricionales, hábitos en la alimentación y esto lo deben aprender los médicos intensamente.

Vemos que algunos alimentos se apropian de propiedades de las frutas y hortalizas, y si, se ha ganado una gran guerra con el tabaco, se podría hacer algo similar.

Sí diría que hay cierta analogía en las batallas como las que se han ganado contra el tabaco y las que se puedan dar en la salud pública contra la alimentación insana.

«Hay conflicto de interés. Hay científicos que hablan de nutrición y parece que están en la nómina de una industria alimentaria de productos insanos».

He dicho muchas veces que me parece bien que se le pongan más impuestos a las bebidas azucaradas o a la comida basura, pero también saber qué se hace con esos impuestos, porque nosotros hemos hecho estudios empíricos que valoran la sostenibilidad, pero entendida en tres aspectos: salud, medioambiental y costes.

En lo que respecta a la salud y medioambiente, la dieta mediterránea puntúa lo más alto, pero en lo relativo a costes, no. A la gente le cuesta dinero seguir la dieta mediterránea.

«Hay que usar esos impuestos para abaratar los que están demostrados científicamente que son sanos».

Ahí está el Nutriscore. No ha calificado bien por ejemplo al aceite de oliva. El aceite de oliva virgen extra debería tener la A claramente, porque no hay ningún alimento del que se tengan tantas pruebas de su papel preventivo en enfermedades.

El peligro de Nutriscore es el que pueda redimir a los productos ultraprocesados, que una vez tras otra, vemos que tienen efectos graves sobre la salud. Y tenemos estudios de aumentos de muerte por cáncer por un elevado consumo de ellos.

Son productos que tienen una materia prima muy barata y a base de aditivos, conservantes, saborizantes, estabilizantes, que disimulan y simulan, les otorgan mucho tiempo de estantería, muy agradables al paladar y baratos.

Una última cuestión. ¿Tenemos excusa para no alimentarnos de forma adecuada?

Tenemos excusas que no son válidas. En las últimas dos décadas se ha pasado de un conocimiento basado en pura química y especulación a una verdadera medicina basada en evidencias.

Estos estudios de los que he hablado evidencian qué le pasa a uno cuando come de una manera o de otra, y se ven los efectos de una buena alimentación, para los que no hay una pastilla preventiva, no hay fármacos preventivos que logren el efecto protector de un patrón alimentario globalmente sano.

Un alimento solo no es importante, sino el patrón global, por eso la dieta mediterránea se ha convertido en el estándar de oro en todos los temas de salud pública y nutricional.

David Baños

Periodista

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