La rentabilidad del agricultor en entredicho

rentabilidad agricultores ilustración

Una mala interpretación de una subida coyuntural de ingresos puede desvirtuar la verdadera situación de rentabilidad a largo plazo a la que se enfrenta la producción hortícola bajo invernadero.

Los datos reflejan que los ingresos percibidos por el agricultor están por debajo de los existentes años atrás. La comparación de las medias 2002-2011 con las calculadas para 2011-2020 muestran que los precios ponderados en función de los principales cultivos han caído un 3%. El coste unitario total se mantiene estable gracias al aumento de la productividad de un 5%. Como consecuencia los márgenes (beneficio) de un agricultor estándar en invernadero caen un 27%. Este análisis de largo plazo, pone de manifiesto que la sostenibilidad actual del agricultor está en entredicho.

Lo datos del balance de la última campaña 2019/20, cerrada en junio, suministrados por COEXPHAL presentaban un escenario estable donde los ingresos no mostraban variación, a pesar de un incremento de los precios medios del 2%, debido a la caída de la comercialización, en parte por el efecto COVID. Al incluir el incremento del coste del 2%, fundamentalmente por la mano de obra, el beneficio del agricultor cayó en ese mismo porcentaje. Estos resultados están en consonancia con la situación de falta de desahogo del agricultor.

Los datos recientemente publicados por Cajamar deben también ser contextualizados. Aunque se contempla un incremento de los ingresos de un 5,2%, debe tenerse en cuenta el crecimiento del coste en un 3,1% (9% en el caso de coste de mano de obra), que no ha sido mayor por la contención coyuntural de la energía, los carburantes y otros productos derivados del petróleo, que sin duda volverán a subir en el medio plazo, previéndose una situación muy negativa en términos de coste para el agricultor. Aunque el trabajo realizado por Cajamar no calcula un resultado de ingresos menos costes para un invernadero estándar, si éste se llevase a cabo se observaría una situación muy similar a la estimada por otras fuentes.

Es muy importante apuntar que los buenos datos de ingresos se debían en buena parte a la excelente campaña de primavera.

Sin los elevados precios del melón y la sandía, la situación habría sido muy diferente. Es conocida la fuerte variabilidad de la campaña estival por lo que es atrevido tomar decisiones que incrementen de forma importante los costes sin garantizar una estabilidad de ingresos en el largo plazo.

Juan Carlos Pérez Mesa
Juan Carlos Pérez Mesa

Doctor en Economía Departamento de Economía y Empresa Universidad de Almería (UAL)

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