Retos e interrogantes de la próxima campaña

Tras una campaña atípica por la irrupción del COVID-19, y sin embargo, en cierta forma, estable en cuanto a precios, producción y comercialización, inicia este mes la campaña 2020-21 con interrogantes y retos.

En noviembre de 2019 el campo se echó a las calles y se plantó para que se visibilizara a agricultores y ganaderos al límite, por falta de valoración de su actividad y por la escasa rentabilidad de la misma. La llegada del COVID-19 y la declaración de la actividad agraria como esencial hizo arremangarse a todo el campo. Agricultores, cooperativas, empresas, producción y comercialización han demostrado la pasta de que están hechos y el porqué de su “esencialidad”.

El coronavirus continuará, pero productores y comercializadores seguirán con la actividad garantizándola con medidas sanitarias ya implantadas y mejorándolas, si cabe, para no detener el suministro.

Se inicia una nueva campaña y la mayor parte de los problemas y puntos críticos, que el sector agrícola en conjunto denunciaba, siguen estando presentes. La de 2019/20, calificada “de transición” por Luis Miguel Fernández, gerente de COEXPHAL, se cerró con unos resultados equilibrados a la baja, preocupando la decreciente rentabilidad de la horticultura almeriense y con retos e interrogantes a resolver con carácter de urgencia.

Uno de ellos es la revisión de la Ley de la Cadena Alimentaria que ha propuesto el Ministerio. Desde COEXPHAL, tal y como está planteada, aseguran que será inaplicable y conseguirá todo lo contrario de lo que dice proponer: defender el eslabón más débil. Es posible que la inclusión de la directiva europea mejore la propuesta del Gobierno, pero lo ideal para proteger a toda la cadena sería el modelo francés, teniendo en cuenta a las interprofesionales con representación de todos los componentes de la cadena: desde la producción, la comercialización, las organizaciones agrarias, pasando por la distribución, y así hasta el último eslabón, consumidores.

Otro interrogante es la repercusión del Brexit en las exportaciones de fruta y verdura al Reino Unido. La decisión del gobierno británico de salir a las bravas de Europa parece un hecho; y si no hay negociación, el Reino Unido pasará a ser un país tercero -ya ha empezado negociaciones directas con Marruecos o Turquía- y prevé aranceles para productos antes exentos, como las frutas y hortalizas. Sin embargo, hasta que no esté cerrada la negociación con la UE, se mantiene en la incógnita.

¿Y la rentabilidad? En la pasada campaña y según los datos manejados por COEXPHAL y sus asociados, el coste corriente subió un 2%, ya que la caída de los precios de los insumos derivados del petróleo fue difuminada por el incremento del coste de la mano de obra, otro aspecto a tener en cuenta si se pretende mantener la rentabilidad y competitividad necesarias para la pervivencia del sector. Esta es una cuestión primordial y de la que dependen muchos agricultores de Almería.

¿Y los países terceros? Protagonizan una de las reivindicaciones del sector. Y se volvió a materializar el pasado mes de julio en la protesta de cooperativas y organizaciones agrarias en el Puerto de Algeciras con la petición urgente de establecer los mismos criterios de entrada de producto de dichos países en todos los puertos de Europa y se cumplan los acuerdos preferenciales, los cupos, las calidades, las fechas, y así no tener una competencia desleal protegida por la propia Unión Europea como sucede hasta ahora.

Marruecos

El reino vecino en materia agrícola ya no sólo presenta cifras equiparables a la agricultura almeriense, sino que, en productos como el tomate, ha superado a Almería en exportación.

Hace unos años, desde el sudeste español se siguió a Holanda en el modelo agrícola. Mientras, Marruecos hacía también lo propio con España. En la actualidad, el vecino del Magreb ya mira de tú a tú a España en producción hortofrutícola y su Gobierno ha implementado para el sector un macro plan (Green Generation) hasta 2030 con el fin de duplicar la participación del agro en su PIB y el valor de las exportaciones agrícolas, pasando de los 34.700 millones de dirhams (casi 3.200 millones de euros) en 2018 a los 60 mil millones (5.500 millones de euros) en 2030.

Por lo tanto, la única manera de competir los productos hortofrutícolas españoles con la inexistente protección comunitaria, es producir con más rendimiento, más garantía, más certificación de calidad y con mayor eficiencia utilizando herramientas de innovación que permita mantener al sector hortofrutícola español competitivo en todos los mercados.

Productos

¿Y qué se ha plantado para la campaña? El comportamiento del tomate ha sido el que más ha llamado la atención. No sólo porque el país alauita haya superado las cifras de exportación de Almería, sino porque además se produce menos.

tomates

Las razones, varias: altos costes de producción (más mano de obra que para otro producto), precios no tan competitivos y otro punto en su contra: las plagas, como Tuta absoluta, que este año en bastantes puntos, especialmente del Levante, ha metido bastante miedo a los productores.

Para contrarrestar esta falta de competitividad las apuestas están yendo por obtener un producto gourmet. El último en presentarse ha sido el tomate Flou, producido y comercializado por Vicasol y Coprohníjar, que se suma a otros como el tomate Adora comercializado por Verdita (Biosabor, Casi y Única), dos ejemplos de hacia dónde puede caminar el esfuerzo para buscarle la diferenciación al tomate.

La otra opción también se ha hecho notar en la reciente campaña. La apuesta por el pimiento o el calabacín, que van ocupando el escalafón que durante tantos años ha encabezado el tomate.

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Habrá que seguir atentos a los ataques furibundos que, un año tras otro, surgen para desprestigiar el buen hacer de agricultores y comercializadores, señalando y, a veces, manipulando casos puntuales como si fuera la totalidad. Por ello, el sector seguirá demostrando que lo está haciendo bien. Por un lado, insistiendo a todas las administraciones que son responsables de dar una solución a los asentamientos humanos desplegados por el campo. Por otro, seguir avanzando en la investigación, el desarrollo y aplicación de las tecnologías en la agricultura; trabajar la higiene del campo como se está haciendo desde el departamento de agroecología de APROA, con un teléfono de denuncias para los desalmados, y consejos y tutelar las ayudas a todos aquellos que lo hacen bien. Y continuar con la apuesta por el control biológico como método eficaz y sostenible de producción.

Y por último, insistir en las campañas y programas de promoción que tan buenos resultados han dado como las emprendidas con la primera sandía de Europa o Saludablemente, frutas y hortalizas, que partió de COEXPHAL y a la que se han sumado la mayor parte de asociaciones y empresas del sector español.

Estos son algunos de los retos e interrogantes que se asoman a la nueva campaña que arranca ahora en septiembre y sin que la pandemia haya desaparecido. Por eso no hay que olvidar: Este país lo alimentamos unidos porque el campo no puede parar.

Redaccion AenVerde
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