¿Regulación de precios? Mejor, un buen acuerdo

La fluctuación de los precios en los productos agrícolas es un asunto recurrente y que se sucede año tras año en nuestro sector. En todas las campañas surge la idea de establecer unos precios mínimos que protejan al agricultor de las semanas donde la oferta, bien propia o externa, supera a la demanda. Sin embargo, el asunto es más complicado de lo que parece. Lo mismo porque alguien tiene que asumir la compensación en los malos tiempos y, además, para más inri, pagar precios por encima de la lógica cuando la oferta esté desaparecida.

Analizando todo esto, nadie “aguas arriba” estará dispuesto a hacerlo si no existe cesiones, en la relación proveedor-cliente, por ambos lados. No tenemos que olvidar que las grandes cadenas de la distribución son grandes precisamente buscando la eficiencia en la gestión, ya que en la realidad juegan con márgenes de beneficios bastantes escasos, más de lo que pueda parecer a simple vista.

La verdad es que ni a clientes ni a proveedores les interesa estar jugando a la ruleta campaña tras campaña; por lo que últimamente la relación de largo plazo se está imponiendo en las relaciones comerciales. Si revisamos campañas anteriores y observamos los precios históricos de las frutas y hortalizas veremos una estabilidad de precios lenta pero segura. Ni las cotizaciones se disparan con la llegada del frío, ni tampoco caen a niveles insostenibles, al margen de unas pocas semanas al año.

El agricultor es un profesional, perfectamente asesorado por su empresa, que cultiva un producto de primor,

Esta situación nos da una idea de lo que está pasando. El agricultor es un profesional, perfectamente asesorado por su empresa, que cultiva un producto de primor, en nuestro caso hortalizas en invernaderos solares, en un entorno cada vez más sostenible y respetuoso con el medio ambiente y con las personas. Se ha preocupado mucho por introducir innovaciones y mejorar su infraestructura productiva para que, cada vez menos, le afecten los imponderables.

Por otro lado, el minorista, nuestro cliente, valora el esfuerzo realizado en calidad, trazabilidad, salud, medio ambiente y, en definitiva, reconoce el servicio integral que recibe (aunque a veces no nos dé palmaditas en la espalda) y no quiere prescindir de nuestro aprovisionamiento porque confía en el trabajo desempeñado por los agricultores y por las comercializadoras. El punto conflictivo siempre será el precio, sin embargo, a ambas partes les interesará llegar a acuerdos beneficiosos, por supuesto, no abusivos.

 

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