Marruecos: ni contingentes ni precios de entrada

Hace unos días, la eurodiputada Clara Aguilera enviaba unas preguntas a la Comisión Europea sobre si se estaban cumpliendo los contingentes establecidos con Marruecos o si se aplicaban los controles preceptivos sobre el verdadero origen de los productos, especialmente el tomate.

La respuesta de la comisaria de Salud y Política de Consumidores, Stella Kyriakides, sin salirse del guion “diplomático y burocrático” de la UE se limitó a expresar por escrito lo estipulado por los reglamentos y dar los datos oficiales registrados por la Comisión. Sin embargo, la realidad de lo que está ocurriendo, concretamente con el tomate importado por la UE desde Marruecos, es esta.

A fecha de hoy, el contingente de exportación que tiene Marruecos para las exportaciones de tomate a la Unión Europea (UE) o los precios de entrada no tienen ningún efecto de contención. Lo peor de todo es que flota en el aire la impresión de que a nadie, excepto a los directamente afectados, le importó mucho que estos mecanismos funcionaran o se comprendieran. Intentaré explicar lo que yo llego a entender.

Marruecos tiene un contingente entre el 1 de octubre y el 31 de mayo, donde no tiene que pagar nada en frontera, al que se suman otras 28.000 toneladas adicionales por si existe exceso en determinados meses, haciendo un total de unas 285.000 toneladas. Si sobrepasara esta cantidad, se deberían pagar “derechos ad valorem” (aranceles) del 3,5%, un arancel que además se redujo un 60% sobre el 8,8% original en el último acuerdo. En pocas palabras: a Marruecos no le importa pagar esa cantidad.

Fuera de ese periodo, se supone que rigen las reglas del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) alcanzado dentro de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Este acuerdo exigiría pagar a Marruecos un arancel del 14,4%, pero, como me he referido arriba, éste se redujo un 60% en el último acuerdo UE-Marruecos hasta el 8,8%. En otras palabras, si Marruecos extiende su cosecha hacia junio, algo muy extraño, pagaría más.

Los datos de la campaña 2020/21 nos muestran que este contingente vale para poco: entre octubre y marzo Marruecos exportó 357.900 toneladas (y falta abril-mayo), de las que se supone que sobre 134.000 toneladas tuvo que pagar arancel (exceso sobre la cantidad no acogida al cupo). El arancel ya hemos visto que es pequeño, por lo que, si se lo hacen pagar (algo que también está en cuestión), no supone una gran pérdida de competitividad ya que puede seguir vendiendo por debajo de los precios de venta de un producto similar con origen en España.

Valga recordar que en 2004 la OLAF (Oficina Europea de Lucha Contra el Fraude) declaró que este sistema no se cumplía.  Los exportadores nacionales de tomate, estimaron entonces un impacto anual 120 a 155 millones para el sector español.

Los precios mínimos de entrada

Vayamos ahora al otro mecanismo de protección que tiene la UE sobre las importaciones de terceros países, los precios mínimos de entrada. Este sistema implica que ningún producto puede entrar a un precio inferior a ellos, debiendo pagar la diferencia (si el precio de importación es menor al 92% del precio de entrada, se pagará de forma adicional un “derecho específico consolidado” de 0,298 €/kg para tomate). Los precios de entrada establecidos en la UE son variables a lo largo del año. En el periodo típico de exportación almeriense se establecieron en 0,46 €/kg. Qué raro que, fuera de ese periodo, suban de forma importante.

Pero ¿Cómo se calculan los precios de importación del tomate de Marruecos? Lo más normal es tomar como base el valor de importación, a tanto alzado, calculado diariamente por la Comisión sobre la base de la media ponderada de los precios a la importación representativos por origen que comuniquen los Estados miembros.

El problema es que, desde hace unos años, para calcularlo se dejó incorporar al tomate cherry, que normalmente se vende a precios muy superiores al tradicional. Esto elevó los precios de importación del tomate marroquí y le ha servido a este país para poder vender siempre por encima de los 0,46 €/kg establecidos como mínimo. En resumen, tal y como se calculan ahora, ya no sirven para nada.

Para concluir, hoy en día y por desgracia, hablar de contingentes y precios de entrada no tiene sentido. El tomate marroquí, de facto, entra en la UE como si procediera de un estado miembro. ¿Alguien sabe por qué no se reducen los contingentes si Reino Unido ya no forma parte de la UE? La exportación marroquí hacia ese destino creció mucho en los últimos años y sigue aumentando tras el BREXIT.

Da la sensación de que a nadie en la UE le importa que, poco a poco, el sector exportador español se esté “desbarasando”: mientras el consumidor europeo tenga tomate en su mesa, sea cual sea su calidad y a precios bajos, todo irá bien.

 

Juan Carlos Pérez Mesa

Doctor en Economía Departamento de Economía y Empresa Universidad de Almería (UAL)

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