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La edición impresa de junio de Aenverde incluye una entrevista a Julio Rodríguez Romero, investigador del Departamento de Biotecnología – Biología Vegetal de la Universidad Politécnica de Madrid, que participó en el segundo Agroforo organizado por el diario IDEAL de Almería. Su línea de investigación se centra en los micovirus que infectan a los hongos patógenos, y cómo estos pueden convertirse en una herramienta innovadora para el control biológico de enfermedades en cultivos clave.
¿De verdad los hongos patógenos pueden cambiar la historia?
Es un titular sensacionalista, pero en realidad, sí. Los hongos patógenos han causado grandes crisis agrícolas que han afectado a la sociedad. Un caso emblemático fue la hambruna en Irlanda durante el siglo XIX, provocada por un hongo que destruyó las cosechas de patata, el alimento principal, causando millones de muertes y una masiva emigración. Otro ejemplo es cómo la roya del cafeto arruinó la producción colonial inglesa de café en Sri Lanka, lo que llevó a un cambio cultural hacia el consumo de té.
Hoy en día es más difícil que ocurriera esto porque los cultivos son mucho más variados. Antes la alimentación estaba basada solo en uno o dos alimentos. De todos modos, es importante conocer muy bien a los patógenos, ya que los hongos cada vez se están adaptando mejor a las temperaturas, aunque a partir de los 34 grados la mayoría de los hongos no sobreviven bien, pero estamos viendo emergencias de nuevos patógenos en zonas donde antes no existían o incluso infecciones en plantas y variedades. Por lo que queremos llamar un poco la atención para encontrar formas de combatirlos. Solo conocemos el 2% de los 6 millones de especies de hongos; ampliar ese conocimiento permitiría mejorar notablemente la producción agrícola y alimentar mejor a la población mundial.
Y en la agricultura actual, ¿cuáles son los principales hongos que causan daños significativos y qué riesgos representan?
Por ejemplo, Magnaporthe oryzae afecta al arroz, que es el alimento básico de millones de personas, especialmente en Asia. Botrytis cinerea infecta una gran variedad de hortalizas y frutas, mientras que Fusarium oxysporum ha devastado plantaciones de banana en Centroamérica. En España, estos y otros hongos afectan cultivos como tomate, pimiento, calabacín y judías. La principal dificultad es que una vez que los síntomas aparecen en el campo, es muy complicado controlar la enfermedad, por lo que la prevención es clave para evitar pérdidas y garantizar la seguridad alimentaria.
¿Cómo se puede prevenir?
Una de las soluciones más prometedoras es el control biológico. Usamos virus que infectan a los hongos, llamados micovirus, que los debilitan y les quitan su capacidad de infectar plantas, un fenómeno llamado hipovirulencia. Un caso emblemático es el chancro del castaño, donde el micovirus ha logrado debilitar al hongo Cryphonectria parasitica y controlar la enfermedad de forma natural. El uso de fungicidas ha sido común, pero los hongos pueden volverse resistentes. Además, la normativa europea exige reducir plaguicidas, lo que impulsa la búsqueda de alternativas sostenibles.
¿Son todos los hongos perjudiciales para los cultivos?
No, para nada. Son peligrosos cuando se comportan como patógenos pero son un elemento esencial en la agricultura. Por ejemplo, los hongos intervienen en las raíces de muchas plantas dando lugar a las micorrizas, que actúan como fertilizantes mejorando la producción agrícola, pueden vivir dentro de las plantas sin dañarlas y aportar beneficios, e incluso capturar nematodos que se encuentran en el suelo y afectan a los cultivos (hongos trampa).
¿Puede nombrar algún hongo usado para controlar a los patógenos?
Un ejemplo es el género Trichoderma, que incluye hongos capaces de alimentarse de otros hongos patógenos. Muchos productos de control biológico están basados en ellos. En Almería se ha investigado un hongo llamado Partholomyces, que se puede utilizar como control biológico en invernaderos, aunque no estoy seguro si ha llegado ya a un estadio de comercialización, pero me ha llamado la atención que aquí también se está estudiando el tema de la utilización de los hongos de una manera beneficiosa.
¿Cuál es la importancia de su línea de investigación?
Mi compañera María Ángeles Ayón, que es viróloga, y yo, como micólogo, creemos que es clave para avanzar hacia una agricultura más sostenible, reduciendo el uso de químicos y aprovechando las defensas naturales de las plantas.
Nuestra investigación se centra en la interacción entre micovirus, hongos y plantas, especialmente en Botrytis cinerea, un hongo que afecta a numerosos cultivos y desarrolla resistencia a tratamientos químicos. Hemos creado una de las colecciones más grandes de Botrytis cinerea en Europa, lo que nos permite estudiar la diversidad del hongo y buscar micovirus que puedan ayudar a controlar sus infecciones de forma natural y sostenible.



