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La historia es cíclica, el cuento es distinto

tomate subida insumos

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Recuerdo no hace mucho (pongamos a mediados del 2021), corría por el Bosque Negro, otrora Coronavirus, un tomatillo cuyo coste rondaba los 0,47 €/kg.

Por esos mismos lares, una malvada bruja, que tenía una droguería (o algo así, no me acuerdo), fastidiada por el aumento de la energía, y por ende el gas, empezó a subir los precios de los fertilizantes: en apenas 3 meses un 40% de nada. Pero es que, entre pitos y flautas también subió el gasoil, los plásticos, los derivados del acero, o los fitosanitarios, ¡fíjate tú! Todo lo que el cariñoso tomatillo necesitaba para alimentarse y mantenerse caliente en su casita.

El coste del pobre tomatillo subió y subió: en esos 3 mesecillos (de junio a septiembre de 2021) un 10%. «Bueno, esto será coyuntura», dijo el tomatillo rojillo. Se equivocó. Llegó enero y el IPC, la referencia de principio de año para la actualización de costes genéricos, seguía subiendo y subiendo.

Y para completar el agobio, también empezó a aumentar el SMI, ya sabéis la mano de obra que contrata cualquier tomate de rancia prosapia, como era el del cuento. Al final, la mala racha se extendió hasta marzo de 2023: allí el coste del hermoso tomate, ya pocho, había crecido un 30%.

El caso es que el otro día, aburrido de las noticias de la guerra entre EEUU et al. e Irán et al., me puse a leer otro cuento.

La verdad es que no me gustó. Iba también de tomates y otras frutas y hortalizas, pero no de brujas. La cuestión es que el argumento me sonaba.

En este nuevo cuento, que ahora se ubica en zonas más desérticas, también corretean un pimientico, otro tomate, una sandía y dos melones.

Al lío: la cosa va de que una tal Calabaza (gorda, pero gorda, y muy pero que muy enfadada) le sube el precio del gas al pueblo un 40% de golpe («¡cucha!», dije, lo que utilizan para fabricar abonos y fertilizantes); pero es que, paralelamente, sube casi un 10% el petróleo («¡tate!», volví a decir, eso que repercute en los plásticos, fitosanitarios y más “eteces”). Y al final (tardé bastante) dije: «La historia es cíclica; el tiempo y el cuento son distintos, y además es coyuntura: no pasa nada».

PD: Esto no lo escribe la IA, ¿eh?, aunque la imagen sí que la ha creado ella. 

 

Juan Carlos Pérez Mesa

Profesor de la Universidad de Almería. Dpto. Economía y Empresa

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