La agricultura, el corazón de la cadena agroalimentaria

La cadena de suministro agroalimentaria tiene corazón, la agricultura y ganadería; acompañada, por supuesto, de la industria auxiliar de insumos, la agroindustria, el transporte y la distribución minorista. Para que la cadena funcione es necesario que todos trabajen de forma coordinada. En tiempos de incertidumbre, todos los países hacen balance para ver con qué recursos productivos primarios cuentan y cómo pueden ponerlos a disposición de sus ciudadanos. Ahora más que nunca, tiene sentido el dinero gastado en la Política Agraria Común para mantener una capacidad productiva propia en un entorno rural. Pues bien, analicemos nuestro país.

tomates en la planta

España es el tercer país que más contribuye a la producción agrícola europea, después de Francia y al mismo nivel que Italia. En agroindustria, también tenemos un puesto de prioridad, somos el cuarto país en número de industrias. Su capacidad queda reflejada en sus exportaciones superiores en un 30% a las importaciones.

A pesar de lo comentado, la situación depende del producto del que hablemos. España es una potencia mundial en la producción y comercialización de frutas y hortalizas. Las tensiones en su cosecha, algo improbable, podrían sólo venir de las carencias en ciertos insumos. En esta línea, también somos el principal productor mundial de aceite de oliva: su potencial de exportación, e incluso las reservas almacenadas, permiten hablar de un sector con una capacidad de suministro muy alta. En oleaginosas, la exportación ha crecido en los últimos años, aunque seguimos siendo importadores, sobre todo de semilla y aceite de girasol.

En carne, España es un gran productor (7 millones de toneladas), en su mayoría de porcino y derivados (70%). En porcino, se exportan 1,9 millones de toneladas. En el caso del Bovino (700.000 toneladas), aunque España es también productora (Castilla León, Galicia, Andalucía, Extremadura), la demanda interna exige comprar al exterior, aunque poca cantidad. La producción de carne de ave es alta y sobrepasa los 1,6 millones de toneladas.

En cuanto al cereal y el arroz, la producción de trigo ronda los 8 millones de toneladas, la de maíz los 4 millones (Castilla y León, Andalucía y Aragón). La producción española de arroz es de 850 mil toneladas, situadas en su mayoría en Andalucía, Extremadura y Cataluña. La producción de harina es de 3,2 millones de toneladas destinada en un 70% a la industria de panificación, 30% a bollería y galletas.  La dependencia del sector industrial transformador de cereal de las importaciones es grande: las compras al exterior son superiores a los 18 millones de toneladas, que en la actualidad se compran, en este orden, de: Ucrania, Francia, Brasil, EEUU y Rumanía. En cuanto a otros productos derivados, como por ejemplo la pasta, el volumen de producción es muy superior al consumo interno. El principal problema es que, en su mayoría, la materia prima se compra fuera. Respecto al arroz, la importación (250 mil toneladas) es inferior a la producción. De hecho, España es el segundo exportador europeo, por detrás de Italia.

Ahora más que nunca, tiene sentido el dinero gastado en la Política Agraria Común para mantener una capacidad productiva propia en un entorno rural.

Siguiendo con las legumbres y huevos, la producción nacional (400.000 toneladas) es insuficiente para cubrir la demanda interna. Existe una importación adicional de 160.000 toneladas de países de ultramar: EEUU, México o Argentina. Por otro lado, España es un exportador neto de huevos, de hecho, es el cuarto productor europeo por detrás de Italia, Alemania y Francia.

Respecto a la leche de vaca, somos es el séptimo país productor de la UE. Lo que diferencia a España de otros países dentro de la UE es su importante déficit de producción respecto al consumo interno, lo que obliga a importar. La balanza comercial del sector lácteo es deficitaria, pero en los últimos años las exportaciones e importaciones se van nivelando. Se importa por valor de 1.700 millones y se exportan 1.200 millones. El grueso de las importaciones de leche y lácteos procedió de otros países europeos, entre los que destacan Francia y Portugal.

En patata, la producción española ronda los 2 millones de toneladas (Castilla León, Galicia, Andalucía y Murcia). A pesar de lo comentado, se necesita importar 800.000 toneladas para igualar la demanda interna, en su mayoría de Francia.

Si analizamos, por último, la pesca y acuicultura, España es deficitaria. Se importan 1,7 millones de toneladas y se venden al exterior 1,15 millones. Sin embargo, en conservas la exportación es mayor que la importación ya que no existe suficiente demanda interna para absorber la producción.

A modo de coda, se puede decir que el corazón de la cadena agroalimentaria española es fuerte y está acompañado de un sistema “circulatorio” sano que le permitirá, en caso de necesidad, cubrir los desequilibrios que pueda haber.

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