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Con motivo del Día del Cooperativismo, entrevistamos al presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, Fulgencio Torres, quien desgrana los principales retos a los que se enfrenta el sector desde esta región.
Celebramos un año más el Día del Cooperativismo en este mes de julio. ¿Cree que son suficientemente reconocida la labor de las cooperativas andaluzas?
No en la medida que merece. Las cooperativas agroalimentarias andaluzas no son solo empresas. Son agricultores y ganaderos profesionales, son empleo, son actividad económica en los pueblos y son una forma de garantizar que la riqueza que genera el campo se quede en el territorio.
En Andalucía contamos con más de 600 cooperativas agroalimentarias, más de 250.000 personas socias, cuya actividad genera una facturación de 12.671 millones de euros. Son cifras muy importantes, pero lo verdaderamente importante es lo que hay detrás: familias, explotaciones, industrias, pueblos y futuro.
Además, hay una diferencia esencial del cooperativismo frente a otros modelos: nosotros no nos deslocalizamos. Una cooperativa está donde están sus socios. Por eso, cuando una cooperativa crece, crece también su entorno. Nos gustaría que esa función se reconociera más, no solo con palabras, sino también con políticas públicas que tengan en cuenta el papel estratégico que desempeñamos.
Vayamos a por los retos que hay por delante. ¿Cómo estamos en relevo generacional?
Estamos ante uno de los grandes problemas estructurales del campo andaluz. No podemos hablar de futuro si los jóvenes no ven futuro en la agricultura y la ganadería. Y para que lo vean, necesitan algo muy claro: rentabilidad, estabilidad y un proyecto de vida atractivo.
Hoy incorporarse al campo no s fácil. Hace falta inversión, tierra, agua, financiación, formación, servicios en los pueblos, conectividad y una Administración que facilite en lugar de complicar. Si un joven quiere incorporarse y se encuentra con trámites interminables, incertidumbre y falta de apoyo real, es normal que se lo piense mucho.
Estamos ante uno de los grandes problemas estructurales del campo andaluz.
Las cooperativas tienen aquí un papel fundamental. Un joven dentro de una cooperativa no está solo. Tiene asesoramiento, comercialización, servicios técnicos, formación, capacidad de compra y una estructura que le permite competir mejor. Pero también las cooperativas tenemos que hacer autocrítica y ser capaces de ofrecer proyectos atractivos, modernos, profesionales y conectados con el mercado.
El relevo generacional no puede limitarse a la ayuda a la primera instalación. Tiene que ser una estrategia integral para que el campo sea viable y para que una explotación no se vea solo como una herencia, sino como un proyecto empresarial con futuro.
Otro reto que destacaba Cooperativas Agro-Alimentarias de Andalucía era el agua, vital para el desarrollo de nuestra agricultura y ganadería. Se han hecho obras, pero el clima se hace más severo. ¿Qué hace falta para, al menos, preocuparse lo más mínimo de este importante recurso?
Hace falta entender, de una vez, que el agua es una cuestión estratégica. Sin agua no hay agricultura, no hay ganadería, no hay industria agroalimentaria y no hay futuro para muchos de los territorios de Andalucía.
Es verdad que se han hecho actuaciones, pero desde el sector esperábamos más avances. El clima es cada vez más difícil, las sequías son más intensas y los episodios de lluvia son más irregulares. Por eso no podemos seguir funcionando con los mismos ritmos y las mismas rigideces de siempre.
Necesitamos inversiones en infraestructuras, tanto grandes proyectos como obras menores; planificación, modernización, reutilización de aguas, aprovechamiento de recursos que hoy se pierden y una gestión más flexible. Con menos burocracia y más coordinación entre administraciones. No puede ser que soluciones necesarias se eternicen por bloqueos administrativos. Necesitamos, en definitiva, que el agua llegue a quienes no la tienen.
Porque el agua para producir alimentos no es un capricho. Es una necesidad.
Si no cuidamos a quienes cultivan lo que comemos, terminaremos dependiendo de otros países. Y eso, en un mundo tan inestable como el actual, sería un grave error.
Otro reto, y no menos importante: La mano de obra. Cada vez es más difícil conseguirla y hay que recurrir incluso a la contratación en origen en otros países. ¿Debería haber más facilidades por parte de la Administración? ¿Cómo podría mejorarse esta gestión?
Sí, debería haber más facilidades, más coordinación y más realismo. La falta de mano de obra ya no es un problema puntual de una campaña concreta. Es un problema estructural que afecta a muchas producciones y que puede comprometer cosechas enteras.
La agricultura y la ganadería tienen una realidad muy específica. Hay campañas que necesitan trabajadores en momentos muy concretos y durante periodos determinados. Si esos trabajadores no llegan a tiempo, el daño ya no se puede corregir después. Por eso la Administración tiene que adaptar los procedimientos a la realidad del campo, no al revés.
La contratación en origen puede ser una herramienta necesaria, pero debe gestionarse con más agilidad, con seguridad jurídica y con previsión. También hay que mejorar la coordinación entre administraciones, anticipar las necesidades por sectores y territorios, y facilitar la formación de trabajadores.
Además, debemos dignificar y profesionalizar el empleo agrario. Necesitamos trabajadores suficientes, formados y con condiciones adecuadas. La mano de obra es también competitividad. Sin trabajadores no hay producción, y sin producción no hay economía en nuestros pueblos.
En casi todos los foros se habla de la necesidad de concentrar la oferta, de ser más grandes. ¿Hasta qué punto se está consiguiendo?
Se ha avanzado, pero no lo suficiente. El cooperativismo andaluz ha dado pasos importantes en integración, profesionalización y crecimiento. Tenemos cooperativas muy relevantes y sectores donde se ha hecho un gran trabajo. Pero el mercado va muy rápido y, en muchos casos, la distribución está mucho más concentrada que la producción.
No podemos seguir haciendo la guerra cada uno por nuestra cuenta. No podemos ser muchos vendiendo frente a pocos comprando. Y no podemos pensar que internacionalizarse es vender un palé por internet. Internacionalizarse de verdad exige tamaño, estrategia, inversión, conocimiento del mercado, relaciones comerciales estables, logística y presencia en destino.
Por eso necesitamos cooperativas más fuertes, más unidas y más profesionales.
La dimensión no es una moda; es una necesidad para competir. Nos permite vender mejor, defender mejor los precios, invertir más, abrir mercados y generar más valor para nuestros socios.
También hacen falta políticas públicas que acompañen estos procesos. Una integración cooperativa importante no se hace de un día para otro. Requiere organización, asesoramiento, cambios internos y valentía. Si queremos cooperativas con músculo para competir en el mundo, hay que apoyar de verdad esos procesos.
En Andalucía somos líderes en frutas y hortalizas aportando el gran porcentaje a nivel nacional. ¿Cuáles son nuestras fortalezas y qué sería lo que tenemos que trabajar más?
Nuestras fortalezas son claras: calidad, experiencia, profesionalidad, diversidad de producciones, capacidad exportadora y un modelo cooperativo muy vinculado al territorio. En frutas y hortalizas Andalucía ha demostrado que sabe producir, organizarse y llegar a mercados muy exigentes.
Tenemos trazabilidad, seguridad alimentaria, agricultores muy preparados y cooperativas que han invertido mucho en instalaciones, comercialización y servicio al cliente. Eso nos da una posición muy importante.
Pero no podemos conformarnos. El mundo cambia muy rápido. Hay más competencia, más presión en precios, más exigencias y acuerdos comerciales que muchas veces no garantizan las mismas reglas para todos. Por eso tenemos que seguir trabajando en promoción, diferenciación, apertura de nuevos mercados y defensa de nuestros productos.

También debemos mejorar en conservación, logística y vida útil del producto para llegar más lejos y en mejores condiciones. Tenemos que mirar más a Asia, América, Oriente Medio y a todos los mercados donde pueda haber consumidores que valoren lo que hacemos.
Producir bien ya no basta. Hay que vender mejor, explicar mejor nuestra calidad, defender nuestro origen y convertir nuestro compromiso con el territorio en valor.
Finalmente, ¿Qué mensaje lanzaría al mundo cooperativo andaluz?
Lanzaría un mensaje de orgullo, pero también de responsabilidad y ambición. El cooperativismo agroalimentario andaluz ha demostrado que es fuerte, que es necesario y que tiene futuro. Pero ese futuro no está garantizado si nos limitamos sólo a resistir las crisis que vengan por delante.
Vivimos en un mundo globalizado. Lo que ocurre en Brasil, en China, en Estados Unidos o en Bruselas afecta directamente a nuestras cooperativas, a nuestros precios, a Tenemos nuestros costes y a nuestras exportaciones. No podemos mirar hacia otro lado. que avanzar, crecer, profesionalizarnos más, innovar, ganar dimensión y tomar decisiones con estrategia y valentía. Tenemos que dejar de pensar en pequeño cuando el mercado piensa en grande.
A las cooperativas les diría que no se acomoden.
Que crean en su fuerza, que se unan más, que formen a sus jóvenes, que miren más lejos y que conviertan su calidad, su trazabilidad y su compromiso con el territorio en valor para el mercado. Y también les diría que no están solas.
Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía va a seguir defendiendo sus intereses, acompañando sus decisiones y trabajando para que nuestro modelo siga siendo una fuerza imprescindible para Andalucía.



