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La creación del Día Internacional de las Frutas y Verduras, cada 4 de marzo, pretende acelerar transformaciones profundas en salud pública, sostenibilidad alimentaria y equidad social en un contexto en el que la malnutrición y las dietas pobres siguen siendo un desafío global.
La resolución aprobada en el marco de la Conferencia de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) del año pasado y que ha hecho posible la instauración de este día recuerda una realidad contundente: el bajo consumo de frutas y verduras está asociado a más de cinco millones de muertes al año que pueden ser evitables, y que están derivadas de enfermedades no transmisibles, incluidas cardiovasculares, metabólicas y ciertos cánceres, por lo que hay que recalcar que estos alimentos constituyen la base más sólida para una dieta saludable, al aportar nutrientes esenciales, fibra y antioxidantes.
No es un mensaje nuevo, pero sí urgente. El movimiento internacional ‘5 al Día‘, con más de 30 países adheridos, ha demostrado el impacto de campañas de educación alimentaria, y en España —donde la asociación celebró el pasado año su 25 aniversario y este mes su Asamblea General— continúa siendo una herramienta clave para orientar a la sociedad hacia las cinco raciones diarias recomendadas.
La situación actual evidencia la necesidad de acelerar cambios. Los datos de nutrición infantil en España muestran prevalencias preocupantes de exceso de peso, especialmente entre familias de menor renta, donde las dietas suelen incluir menos alimentos frescos y más productos ultraprocesados, perpetuando desigualdades de salud desde edades tempranas.
Del campo al comedor
La resolución de la FAO para instaurar este Día Internacional subraya además el papel de las frutas y hortalizas en la transformación de los sistemas agroalimentarios, destacando la necesidad de diversificar cultivos, reducir pérdidas poscosecha y fortalecer economías locales.
Estos cambios no solo mejoran la resiliencia climática, sino que permiten generar empleo digno y reducir la presión sobre los ecosistemas.
En el caso de España se ha empezado a traducir este enfoque en política pública. Un ejemplo de ello es el Real Decreto 315/2025 sobre comedores escolares saludables y sostenibles. La norma exige que al menos el 45% de las raciones de frutas y verduras servidas sean de temporada, impulsa técnicas culinarias saludables, introduce criterios de compra con impacto climático y promueve la integración de proteína vegetal. Se trata de un cambio estructural que vincula la compra pública con la sostenibilidad.
Además, prioriza el uso de productos ecológicos y refuerza el papel de la agricultura local, favoreciendo la reducción de huella de transporte y apoyando a productores familiares. Es un avance que posiciona a los comedores escolares como espacios de educación alimentaria y como ejemplo práctico de transición ecológica, tal y como han expresado desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Otra de las justificaciones de este día han sido los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente aquellos ligados al hambre, la malnutrición y la pobreza. El organismo recuerda el papel esencial de las mujeres en la producción, preparación y distribución de alimentos frescos, especialmente en contextos vulnerables; y advierte que mejorar el acceso a frutas y hortalizas es una medida de justicia alimentaria.
Decretos
España avanza en este sentido con decisiones de gran impacto simbólico y práctico, como la retirada de ultraprocesados de los menús infantiles de los hospitales.
La medida —que también afecta a cafeterías y comedores públicos sanitarios— responde a la evidencia científica que señala a estos productos como un factor de riesgo creciente para la salud pública. En paralelo, organizaciones de infancia celebran el nuevo marco de comedores escolares, que garantizará cinco comidas saludables semanales independientemente del nivel de renta, reduciendo desigualdades y mejorando las oportunidades de desarrollo de la población infantil.
La alimentación deja de ser asunto privado y se convierte en política social. Lo comenta, en el número de marzo de Aenverde, Manuel Moñino, presidente del Comité Científico de la Asociación ‘5 al Día‘: «Es más fácil estar expuesto a alimentos poco saludables, como aperitivos de bolsa, bollería, comida rápida, que a otros promotores de salud como las frutas y hortalizas. Cuando esto cambie mediante políticas de salud pública, como la regulación de la publicidad dirigida a niños o la regulación de los entornos alimentarios, llegar a las 5 al día, será mucho más fácil».
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El nuevo Día Internacional no busca llenar calendarios, sino activar transformaciones. Su objetivo es generar una plataforma global de concienciación y coordinación que recuerde cada año a gobiernos, instituciones, escuelas y ciudadanía en general la importancia de reforzar dietas basadas en alimentos frescos, sostenibles y accesibles para todos.
Los retos son enormes, pero también lo son las oportunidades: consolidar entornos alimentarios saludables, fortalecer cadenas productivas más sostenibles y combatir la inequidad social vinculada a la dieta.
La fecha del 4 de marzo nace con vocación de convertirse en punto de inflexión hacia un sistema alimentario más justo y saludable, donde frutas y hortalizas dejen de ser una recomendación y pasen a ser un derecho cotidiano.



