El doctor en Economía, Daniel Lacalle, comenta en esta entrevista de AenVerde la coyuntura económica europea (Brexit, Alemania, precios) y cómo el sector hortofrutícola puede hacer frente a la competencia de terceros países y frenar los bulos que sobre la agricultura bajo invernadero e intensiva se lanzan cada día.
Desde los medios de información, políticos, sociales se habla de una desaceleración económica… A su parecer, y para que lo entiendan nuestros agricultores ¿Cuál es su diagnóstico para los próximos dos años?
Si miramos los datos macroeconómicos a nivel agregado, y para que lo entienda todo el mundo, lo que estamos viendo es claramente que el ritmo de crecimiento se ha frenado y se ha frenado de manera importante. Sin embargo, esto no significa que esté ocurriendo en todos los sectores y para los agricultores es importante entender que la tendencia de incremento de la demanda en cuanto, por ejemplo, a los sectores agrícolas esa no ha cambiado. Es decir que estamos hablando de desaceleración en el empleo y desaceleración en el crecimiento de la economía, pero viene fundamentalmente de los sectores manufactureros, industriales y de la hostelería, y que no es algo, de momento, de lo que el sector agrícola debería sentirse extremadamente preocupado.
Brexit, “supuesta” batalla comercial entre EE UU y China, aranceles, fronteras, … ¿Se está rompiendo de alguna forma el sistema de libre comercio que ha predominado durante muchos años?
Claramente estamos viendo un cambio de sistema. Hemos pasado de un entorno en el que se llegaban a acuerdos multinacionales para un bien común de mayor comercio y mayor crecimiento de todos los países, a costa de menor crecimiento y menor nivel de beneficio por parte de los países más desarrollados. Ahora lo que está ocurriendo es que muchos de esos países, especialmente con China, han cambiado de opinión y particularmente EEUU. Por lo tanto, lo que sí debemos ser conscientes es que el brexit es muy probable que se lleve a cabo pero creo que con un acuerdo que beneficiará a las dos partes de manera que no sea dañino para la economía y que la guerra comercial entre EEUU y China probablemente se extienda a la Unión Europea pero de una manera, digamos poco a poco.

Creo que no debemos ser alarmistas sino ser simplemente conscientes de que cualquier persona que ahora mismo nos esté leyendo sabe que probablemente volvamos a un entorno que ya hemos vivido en el pasado hace unos 20-25 años.
Y aterricemos en nuestro sector… Alemania, un verdadero motor de la UE, parece que anda gripado y es nuestro principal mercado. ¿Cree que habrá consecuencias para nuestros productos?
Alemania está en un proceso de retroceso económico, pero tenemos que entender en qué. Su demanda interna no tiene grandes problemas, su nivel de desempleo es el más bajo de los últimos 30 años, por lo tanto, el consumidor alemán no está en una posición que vaya a sufrir de manera importante. Lo que es verdad que los sectores exportadores, el automovilístico, también otros sectores como el bancario están con dificultades. Yo desde el sector hortofrutícola no veo el riesgo para la demanda por parte de Alemania.

Competencia (Marruecos y Holanda, principalmente) y bulos son dos caballos de batalla para el sector hortofrutícola ¿Qué hacer frente a los primeros? ¿Qué hacer con los segundos?
Para hacer frente a la competencia, sobre todo a la competencia muy agresiva en costes como puede ser Marruecos, el sector hortofrutícola tiene que orientar mucho más su actividad hacia la parte de mayor valor añadido, todo lo que tiene que ver con ecología, productos que el consumidor esté dispuesto a pagar un poco más y por lo tanto, los márgenes sean mayores. Es prácticamente imposible pensar que se va a poder entrar en un proceso de competencia vía costes con el productor de menor precio.
La cuestión es orientar los productos hacia aquello que cada vez se demandan más: producto ecológico, sano, de calidad y de mayor valor añadido.
Con respecto a los bulos, hay que ser mucho más agresivo. Muchas veces los sectores que sufren la demagogia piensan que la realidad, los datos y la evidencia de lo que realmente se está haciendo es suficiente, y no lo es. La demagogia precisamente funciona porque utiliza medias verdades y las exagera, convierte pequeñas anécdotas en mentiras exageradas. Hay que ser mucho más activo en comunicación, mucho más activo en desmontar esos bulos, porque los que los promueven, aunque los datos digan lo contrario van a seguir promoviéndolos. No encuentran ningún problema en ser incoherentes y tenemos que entender que el sector tiene que ser mucho más activo y didáctico y no vale con decirlo una vez, sino que hay que decirlo consistente y constantemente.



