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El paracetamol de la adaptación al cambio

Es indiscutible que el contexto hortofrutícola español es cada vez más complejo y las recetas estándar no son viables. 

Lo mejor para un agricultor puede no ser lo idóneo para una empresa no cooperativista o incluso para un proveedor de insumos. Las soluciones no son fáciles y ninguna es a corto plazo. La misión es conseguir la unidad de acción de las empresas y agricultores frente a los retos. Aunque suene a tópico, la adaptación al cambio es el paracetamol para ir tirando dentro de este entorno.

Al margen de lo comentado, cada empresa podría planificar y establecer escenarios competitivos propios en relación con su cadena de valor.  Debemos hacer ver al consumidor los esfuerzos realizados por el agricultor y que garantizan la calidad y sostenibilidad del producto que llega a su mesa en un marco de “proximidad” en el sentido no solo espacial, sino de relación estrecha y conocimiento mutuo.

Siguiendo la aproximación de lo general a lo concreto, estas estrategias tienen elementos transversales. Lo que la mayoría de los trabajos que abordan esta cuestión tienen en común es que resaltan la importancia de la colaboración y cooperación: marketing, producción o aprovisionamiento. Aquellos que están abiertos a colaborar son los que mejor y más fácil captan ideas y recursos únicos que los harán más sostenibles.

Las empresas de comercialización hortofrutícola deberían integrarse en diversas cadenas de suministro que ofrezcan la venta exclusiva de productos adaptados a las necesidades de cada cliente, proporcionando así soluciones especializadas y convincentes.

Control de costes

El control de costes en toda la cadena y el aumento de la productividad siempre será una meta, tomando a la competencia (norte europea o africana) como referencia; de hecho, la circularidad de la cadena o su sostenibilidad ya implica minimización de insumos y la valorización de residuos.

En este sentido, los trabajos, aun escasos, ponen de manifiesto que Marruecos posee un coste de producción un 60% inferior al almeriense, pero en destino se reduce hasta el 35%. Este diferencial es defendible si se es capaz de optimizar los procesos. Pero todavía la situación local puede llegar a ser más beneficiosa si, como parece, termina por imponerse la contabilidad de coste reales en los alimentos.

Por ejemplo, los cálculos de huella de carbono generada por un tomate almeriense, puesto en destino, es menor en comparación con otro similar producido y comercializado desde Países Bajos o Marruecos, lo que supondría tener que pagar 3 o 1,5 céntimos de euros extra por contaminación, respectivamente, al producto de estos orígenes.

Por si fuera poco, el viento sopla a favor. En el modelo de bajo coste norteafricano empiezan a aparecer fuertes desequilibrios: falta de mano de obra especializada, problemas para abastecer su demanda interna a precios razonables, carencias de sus estructuras productivas para un correcto control de plagas o una rápida adaptación climática, entre otros muchos.

Oportunidades

De forma paralela, las oportunidades que nos aportan las nuevas tecnologías que conforman la Agricultura Inteligente (big data, IA, blockchain, internet de las cosas, robótica, teledetección, sensores, computación en la nube, etc.) están revolucionando el sector: control de plagas y previsión de cosechas, eficiencia logística y trazabilidad, optimización energética...

La agricultura inteligente implica cambios en muchos aspectos. Por ejemplo, la robótica en las empresas de comercialización, y su extensión al invernadero, está ahorrando mano de obra en muchas tareas, aumentando la competitividad frente a zonas que basan exclusivamente su capacidad competitiva en este factor. Esta revolución va a necesitar una mano de obra distinta, especializada. De hecho, aquellas zonas que controlen la tecnología dominarán a otras que sean simplemente usuarias. Por tanto, la inversión en capital humano y retención de talento será otro de los puntos clave.

8 pasos para un modelo de cambio

1. Analiza el entorno:

  • Identifica las tendencias.
  • Crea indicadores de cambio.
  • Analiza los diferentes escenarios

2. Prepara a la empresa y los trabajadores

  • Sé claro con las implicaciones del cambio.
  • Escucha a los empleados: crea grupos de alto rendimiento.
  • Intenta atraer y retener el talento.

3. Crea nueva estrategia y marco de acción:

  • Fija objetivos y metas en función de los escenarios futuro.
  • Alinéate con el entorno no intentes cambiar lo que no se puede.

4. Crea o adapta tus productos a la nueva situación

  • Desarrolla nuevas tecnologías y prácticas sostenibles.
  • No te olvides de la productividad y el control de costes.

5. Alianzas y cooperación:

  • Establece alianzas y colaboraciones con empresas con las que puedas obtener sinergias.
  • Piensa en toda la cadena de suministro: aguas arriba y aguas abajo.

6. Prepárate y establece un sistema de medición del riesgo:

  • Establece un buen sistema de gestión de riesgos y resiliencia por si lo necesitaras.
  • No pierdas de vista a tus competidores (benchmarking).

7. Comunica interna y externamente los éxitos en el proceso:

  • El objetivo es mejorar el estado de ánimo de todos tus stakeholders.

8. Seguimiento y Control:

  • Establece un mecanismo de seguimiento de todo el proceso: modifica los objetivos si ya no te valen.
  • Tu actitud proactiva y flexible en todo el proceso es en sí misma un objetivo.

 

Juan Carlos Pérez Mesa

Profesor de la Universidad de Almería. Dpto. Economía y Empresa

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