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A pesar de que la mayoría de los europeos asegura querer llevar una alimentación más saludable y sostenible, los cambios reales en los hábitos alimentarios avanzan mucho más despacio de lo esperado.
Y esa es una de las principales conclusiones que se extraen del informe « Europa quiere comer mejor, ¿por qué no lo consigue?», el primer número de su última serie de Informes de Confianza, elaborada por el Observatorio del Consumidor de EIT Food con el apoyo del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT).
El estudio, basado en casi 20.000 entrevistas en 18 países, muestra que solo un 14% de los europeos está insatisfecho con su dieta. Sin embargo, esta cifra aumenta al 18% entre los menores de 35 años, el segmento más dispuesto a modificar sus hábitos. En contraste, solo un 11% de las personas de más de 55 años expresa insatisfacción, lo que indica una menor predisposición al cambio.
Alimentación saludable
Aunque cada vez más ciudadanos dicen comer de forma saludable, los datos revelan que la mayoría sigue sin consumir suficiente fibra, proteínas y frutas, y que incluso la percepción de estar comiendo suficientes verduras ha caído entre 2 y 4 puntos respecto a 2024.
Solo algo más de la mitad afirma alcanzar la ingesta adecuada de vegetales.
Las diferencias generacionales son claras: Los jóvenes muestran un fuerte interés por aumentar la proteína en su dieta (44% frente a 22% de mayores), mientras que estos consumen más frutas y verduras, apoyadas en rutinas culinarias más estables.
Retroceso en sostenibilidad
El informe constata que la alimentación sostenible continúa retrocediendo en Europa. Aunque aumenta el número de personas que dice tenerla en cuenta al comprar, solo el 48% considera que su dieta es sostenible. Además, continúa descendiendo la intención de vivir de manera sostenible, una tendencia sostenida desde 2021.
En términos generacionales, los jóvenes se muestran más conectados con el origen de los alimentos y más dispuestos a comprar productos orgánicos o regenerativos, mientras que los mayores destacan por su firme compromiso con la reducción del desperdicio alimentario, que supera el 80%.
Salud y precio
Preguntados por los cambios que les gustaría introducir, los europeos sitúan la salud como primera prioridad (51%), seguida por la asequibilidad, que gana relevancia debido a la presión inflacionaria. La sostenibilidad ocupa el tercer lugar y continúa perdiendo peso como motivación.
Más de la mitad quiere comer más frutas y verduras, un 31% desea aumentar su consumo de proteína, especialmente los jóvenes, y la fibra, uno de los elementos más deficitarios, recibe poca atención.
El informe detecta que las barreras para mejorar la dieta se intensifican en 2025, especialmente entre la población joven. Los dos principales obstáculos son los hábitos establecidos, difíciles de cambiar, y un presupuesto, que limita el acceso a productos más saludables.
Además, los jóvenes se sienten menos capaces de modificar su dieta, mientras que los mayores, más satisfechos, creen tener mayor control para introducir cambios si lo desean.
Oportunidades para el sector
El análisis concluye que la transición hacia dietas más saludables y sostenibles depende de estrategias diferenciadas:
- Jóvenes: son la puerta de entrada al cambio. Necesitan productos saludables accesibles, económicos y fáciles de usar, junto con apoyo para romper hábitos y gestionar barreras económicas.
- Mayores: responden mejor a mensajes centrados en salud, prevención y bienestar, además de prácticas ya interiorizadas como el consumo de comida casera y la reducción del desperdicio.
- Población general: la reducción de productos animales —la medida más impactante en sostenibilidad— debe comunicarse desde beneficios para la salud, no solo desde el impacto ambiental.



