El proyecto ‘Un huerto, una familia’ surge de la inquietud y solidaridad de Lorenzo Belmonte, cofundador de Primaflor, quien en 2011 quiso aportar algo más a los ciudadanos del municipio donde se levanta su empresa y cedió una hectárea al Ayuntamiento de Pulpí. Ambas entidades no tardaron en coordinarse para hacerlo realidad. Desde entonces, cerca de 100 familias se han autoabastecido de los alimentos que han cultivado en estas tierras.
Manuel llega a la hora habitual de cada día. Supervisa su huerto en el que planta patata, cebolla, tomate, pimiento, cilantro… y achira, un tubérculo que se lava, pela y ralla para obtener una harina similar a la maicena. Un alimento muy nutritivo para adultos y niños que viene de Colombia, su país natal del que se desplazó hace ahora 13 años.

“A cierta edad -asegura- es más complicado empezar de cero”. Respondió a la llamada de su hija, pero sin trabajo y sin raíces le fue duro adaptarse. Un psicólogo le habló del proyecto que, en aquel año, 2011, iniciaba el Ayuntamiento de Pulpí tras la propuesta de la empresa Primaflor: ‘Un huerto, una familia’. La posibilidad de recuperar la actividad de agricultor a la que se había dedicado desde niño y llevar alimentos sanos a su hogar sin ningún coste le cambió la vida.
Allí se encuentra con Paco, almeriense jubilado y también amante de la agricultura. Su caso es distinto. Después de tanto tiempo en activo, la casa se le caía encima y Primaflor, empresa a la que dedicó los últimos diez años de su vida laboral, le ofreció la posibilidad de seguir cultivando, aliviar la economía familiar y contribuir a la alimentación saludable de los suyos.

“El huerto nos suministra productos de gran calidad y 100% ecológicos”. Tomates, ajos, calabacines, habas, coliflores… todo lo que Enrique Resina, supervisor de Primaflor, les proporciona según la estación del año. Enrique es el alma de este proyecto, pasa a diario por los huertos para ayudar a los usuarios con el cultivo, formarles en lo que precisen y atender sus necesidades. La empresa pulpileña aporta una hectárea de tierra en la que se ha distribuido los huertos y asume todos los gastos de semillas, agua y material de labranza.
Un vistazo al futuro
Ambos beneficiarios coinciden en la gran iniciativa de Lorenzo Belmonte, cofundador de Primaflor. “Se trata de una gran experiencia porque es un proyecto que se basa en la soberanía alimentaria de los pueblos, volver a cultivar sin químicos. Creo que el futuro de la agricultura pasa por volver a nuestros ancestros, producir limpiamente y recuperar nuestras semillas”, comenta Manuel, quien se muestra orgulloso de compartir los conocimientos adquiridos en Pulpí con sus colegas del SENA en el Departamento del Huila, en Colombia, donde despiertan gran interés hasta el punto de querer replicar allí este programa solidario.
El respeto por la tierra y la conservación del medio ambiente es algo que también comparte Paco, su vecino de huerto, quien cree que al llegar a su parcela las plantas se alegran de la misma forma que lo hace él. “Cuanto más las mimo, mejores alimentos me reportan”.
A ambos les preocupa la continuidad del sector, que las próximas generaciones no amen la agricultura como ellos. Antonia Belmonte, consejera de la Fundación Primaflor, habla de una esperanza: “Se ha dado el caso de hijos de los primeros adjudicatarios que no sabían nada de este mundo, han aprendido de sus padres y ahora son ellos los que tienen el huerto, e incluso, la mayoría trabajan en el sector”.

Al igual que Manuel y Paco, otras 36 familias tienen un espacio asignado por el Ayuntamiento de Pulpí, que es el encargado de seleccionar a las familias en función de varios parámetros entre los que priman los recursos económicos de los solicitantes, según explica Juan Bautista López, teniente alcalde de Pulpí. “Además se entregan premios al huerto más cuidado, al más solidario… para promover el compañerismo y la convivencia entre culturas”, ya que las tierras están compartidas por familias pulpileñas con otras procedentes de Colombia, Ecuador, Perú y Marruecos.
“Cada año tenemos más familias que solicitan estos huertos e incluso hay lista de espera. Para nosotros es una satisfacción cuando hacemos la entrega de las llaves del huerto y escuchamos las historias de estas personas. Estamos muy comprometidos con esta acción, tanto que este año hemos vuelto a renovar nuestro convenio con el Ayuntamiento por cinco años más, pero nuestra intención es mantenerlo de forma indefinida”, comenta Antonia Belmonte.
Algo que a Manuel y Paco les encanta saber, ya que pretenden continuar en el huerto “hasta que las fuerzas les alcancen”.



