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Un nuevo dispositivo biodegradable para el control de plagas basado en el carbón activado

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Investigadores de la Universidad de Alicante (UA) han desarrollado una tecnología innovadora y sostenible en el control de plagas, basada en un dispositivo que usa compuestos orgánicos volátiles (COV) con efecto repelente, incorporados en matrices de carbón activado con una porosidad diseñada específicamente para asegurar elevadas capacidades de adsorción de estos COVs, así como permitir su liberación lenta y controlada.

El dispositivo consiste en un soporte sólido de carbón activado, con morfología granular o pellet, al que se han incorporado los COV repelentes, y que se encuentra contenido en una envoltura porosa y biodegradable sellada.

Este diseño facilita su aplicación directa en el cultivo, evita pérdidas prematuras por volatilización y elimina la necesidad de dispensadores plásticos convencionales, una fuente creciente de contaminación en los entornos agrícolas.

“Hemos querido que el dispositivo sea tanto sencillo de usar como sostenible y biodegradable. El agricultor puede aplicarlo directamente en campo sin necesidad de una formación especializada, y al mismo tiempo se evita la generación de residuos plásticos”, señala Federico López Moya, director del Grupo de Investigación de Fitopatología del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada.

Desde el punto de vista científico, el desarrollo se apoya en el uso de semioquímicos, moléculas que actúan como señales químicas capaces de modificar el comportamiento de los insectos.

En este caso, los repelentes funcionan como alomonas antixenóticas (compuestos químicos emitidos por una planta que son perjudiciales o repelentes para otras especies) que inducen el alejamiento de la plaga sin necesidad de contacto ni acción letal.

Aunque este tipo de estrategias es bien conocido en el ámbito de la gestión integrada de plagas, su aplicación agrícola ha estado limitada por la falta de sistemas de liberación eficaces y duraderos.

Uso de materiales carbonosos

Gracias a sus propiedades, entre las que destacan su elevada superficie específica y su estructura porosa, estos materiales permiten adsorber los COV y liberarlos de forma progresiva por desorción.

Además, pueden obtenerse a partir de residuos naturales y, una vez incorporados al suelo, aportan beneficios adicionales como la mejora de la retención de humedad y nutrientes e, incluso, el aporte de éstos. “El carbón activado no solo actúa como un excelente dispensador, sino que encaja perfectamente con los principios de la economía circular y la agricultura sostenible”, destaca el investigador.

Los ensayos realizados hasta el momento sitúan la tecnología en un nivel de madurez tecnológica TRL 5–6. Las pruebas de laboratorio y los prototipos piloto han demostrado que los compuestos volátiles se liberan de manera sostenida durante más de 28 días, manteniendo niveles efectivos de repelencia.

En concreto, el dispositivo ha mostrado una eficacia notable frente al picudo negro de la platanera (Cosmopolites sordidus), una de las plagas más destructivas para los cultivos de plátano y banana a nivel mundial, así como frente a otros curculiónidos de interés agrícola. “Los resultados obtenidos frente al picudo negro son especialmente relevantes, porque se trata de una plaga muy difícil de controlar y con un enorme impacto económico”, subraya López Moya.

Versatilidad de la tecnología

Otro de los puntos fuertes de la tecnología es su versatilidad. El sistema permite incorporar tanto COV de origen biológico, por ejemplo, los producidos por hongos entomopatógenos o nematófagos, como compuestos sintéticos, manteniendo el mismo principio de funcionamiento.

Esto facilita su adaptación a diferentes cultivos, especies de plagas y escenarios productivos, desde agricultura ecológica y de alto valor añadido hasta invernaderos y sistemas de producción en ambientes controlados.

“Nuestra intención es que esta plataforma tecnológica pueda adaptarse a múltiples contextos agrícolas, cambiando el compuesto activo según la necesidad, pero manteniendo el mismo dispositivo base”, explica el director del grupo.

La tecnología se encuentra protegida mediante solicitud de patente y representa una evolución significativa respecto a desarrollos anteriores, centrados principalmente en feromonas o atrayentes y dependientes de matrices plásticas.

Buscando empresas

Con vistas a su llegada al mercado, la Universidad de Alicante busca ahora empresas interesadas en la explotación comercial de la tecnología mediante acuerdos de licencia, proyectos de I+D conjuntos o procesos de escalado y validación en grandes explotaciones agrícolas.

investigadores alicante

“Nuestro objetivo final es que esta investigación no se quede en el laboratorio, sino que se convierta en una herramienta útil para el sector agrícola, capaz de reducir el uso de insecticidas químicos y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles”, concluye Federico López Moya.

Equipo investigador

Este trabajo es fruto de la dilatada trayectoria científica en la lucha contra las plagas agrícolas del grupo de Fitopatología de la UA, dirigido por los profesores Luis Vicente López Llorca y Federico López Moya, del Grupo de Investigación de Fitopatología del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada, en colaboración con las profesoras María Ángeles Lillo Ródenas y María del Carmen Román Martínez, del Grupo de Investigación Materiales Carbonosos y Medio Ambiente, del Departamento de Química Inorgánica e Instituto Universitario de Materiales (IUMA). Según explica el profesor Federico López Moya, miembro del Grupo de Investigación de Fitopatología, responsable del desarrollo, “uno de los principales retos de los repelentes volátiles es su escasa persistencia en condiciones de campo. Nuestra tecnología permite mantener concentraciones de los repelentes eficaces durante semanas, gracias a su liberación gradual, algo clave para que estos compuestos puedan utilizarse de forma realista en agricultura”.

 

Redaccion AenVerde

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