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Con motivo de su ponencia durante la 49 Asamblea General de COEXPHAL, entrevistamos al economista, conferenciante y escritor Fernando Trías de Bes, quien desgrana algunas ideas de por dónde podría caminar el sector hortofrutícola, como sector económico de vital importancia, en los próximos años.
El día 25 de septiembre se dirigió al sector hortofrutícola en la Asamblea de COEXPHAL y, como usted dice, “busco transformar a las personas que tengo delante” ¿Alguna clave?
Siempre digo que una conferencia no debería limitarse a informar. Para informarse ya tenemos internet y, ahora, inteligencia artificial. Una conferencia tiene sentido si consigue que alguien salga pensando de manera distinta a como entró. O que al menos le abra la mente y amplíe horizontes.
Hablé de cómo están cambiando los ecosistemas empresariales, de concentración, tecnología, inteligencia artificial, dimensión, personas y liderazgo.
Al igual que en otros sectores rentables, el agroalimentario atrae a los fondos de inversión y al otro lado hay un modelo cooperativo que necesita crecer más para ser competitivo. ¿Sí o no a los fondos? ¿Qué modelo sería el óptimo?
Yo no plantearía el debate como fondos sí o fondos no. El capital no es bueno ni malo por naturaleza. La pregunta es qué capital, para qué y con qué horizonte temporal.
Un fondo puede aportar dimensión, profesionalización, tecnología, acceso a mercados y capacidad financiera. Y una cooperativa aporta arraigo, conocimiento del territorio, compromiso del productor y compromiso de largo plazo precisamente por ese arraigo.
Creo que el error sería pensar que hay que elegir necesariamente entre ambos mundos.
El modelo óptimo es aquel capaz de incorporar las ventajas del capital sin perder las ventajas del propietario. Crecer no significa venderse. Se puede ganar dimensión mediante integraciones, alianzas, servicios compartidos, comercialización en común, etc. Hay muchos modelos.
Existe una gran preocupación por la competencia desleal de los terceros países. ¿Qué pueden hacer los sectores afectados si Europa no mueve ficha?
Europa no puede exigir a sus productores unos estándares y permitir competir en el mismo mercado a productos sometidos a estándares sustancialmente diferentes. Si las reglas son distintas, la competencia tampoco es exactamente la misma.
Ahora bien, una empresa no puede construir su estrategia esperando que el regulador resuelva sus problemas. Hay que reclamar reciprocidad y unas condiciones de competencia equivalentes, por supuesto, pero mientras tanto y en paralelo trabajar sobre aquello que sí está en nuestras manos.
¿La solución pasaría por transformar el modelo? ¿Que Almería relegue su modelo productivo? ¿Convertirse en polo innovador, logístico?
Sí. De hecho, creo que esa es probablemente una de las grandes oportunidades de Almería.
Almería ya posee conocimiento, productores, empresas auxiliares, tecnología, experiencia exportadora y una concentración extraordinaria de conocimiento especializado. El siguiente paso quizás sea convertir todo eso en un ecosistema aun más completo: tecnología agrícola, genética, agua, energía, automatización, datos, logística, investigación, financiación y creación de empresas.
El gran éxito sería que dentro de veinte años Almería no fuera conocida únicamente por producir frutas y hortalizas, sino porque una parte de la tecnología con la que el mundo produce alimentos se diseña también en Almería. Ahí hay valor añadido y exportación de conocimiento.
Hablemos un poco de organización y liderazgo. El sector hortofrutícola en Almería está compuesto principalmente por pequeños propietarios —según el censo andaluz de 2020, la superficie media por explotación es de 7,7 hectáreas—, unas 40.000 familias, agrupadas en su mayoría en cooperativas o SAT. ¿Hacia dónde deben apuntar su estrategia para ser competitivos? ¿Innovación, digitalización, robotización…?
A ver, la tecnología no es una estrategia. Es una herramienta. Una explotación pequeña puede seguir siendo perfectamente viable si pertenece a un ecosistema suficientemente grande. No necesitamos necesariamente productores gigantes; necesitamos que esos pequeños productores puedan acceder a capacidades que individualmente nunca podrían tener.
Una cooperativa aporta arraigo, conocimiento del territorio, compromiso del productor y compromiso de largo plazo
Ahí las cooperativas tienen un papel fundamental. Hay inversiones en digitalización, robotización, inteligencia artificial, comercialización internacional, datos o logística que individualmente pueden resultar imposibles y colectivamente son perfectamente abordables.
Finalmente, ¿un mensaje en estos tiempos convulsos, de conflictos que cierran y abren grifos a las economías, para este sector hortofrutícola que, hoy por hoy, alimenta saludablemente a Europa?
Estamos entrando en una economía mundial más fragmentada, más condicionada por la geopolítica y probablemente menos previsible. Energía, agua, transporte, fronteras, regulación o comercio pueden cambiar muy rápidamente.
Alimentar a una población no es una actividad económica cualquiera. Es una actividad estratégica. Europa ha descubierto a base de palos lo que significa depender del exterior para la energía. No vamos a repetir el mismo error con la alimentación, espero.
Mi mensaje no sería defensivo. El sector no debería preguntarse solamente cómo proteger el modelo que ha construido. Debería preguntarse qué tiene que hacer ahora para construir el modelo que se necesitará dentro de veinte años.



