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La Comisión Europea ha publicado el informe Scenar 2040, elaborado por el Centro Común de Investigación (JRC), que explora cómo podría evolucionar la Política Agrícola Común (PAC) en los próximos 15 años.
Este ejercicio de prospectiva plantea tres posibles escenarios para el campo europeo: uno centrado en la productividad y la competitividad, otro en la sostenibilidad ambiental, y un tercero que imagina un escenario sin PAC.
Más que un pronóstico, el estudio ofrece una herramienta para el debate: ¿cómo equilibrar los objetivos económicos, sociales y medioambientales de la agricultura europea en un contexto global cada vez más incierto?
Los tres escenarios:
Productividad e Inversión
En este escenario, las ayudas de la PAC se enfocan en estimular la competitividad, la innovación y la eficiencia productiva. Los resultados serían positivos para la economía agraria: la producción crecería entre un 2 y un 3 %, con especial dinamismo en frutas, hortalizas y cultivos permanentes.
Los precios al consumidor bajarían ligeramente —hasta un –2 % en hortalizas y frutos secos— y la balanza comercial agroalimentaria mejoraría en unos 2.700 millones de euros.
Sin embargo, el coste ambiental sería evidente: aumentarían un 0,5 % las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y un 1 % el excedente de nitrógeno. Pese a ello, la UE lograría una reducción global neta de emisiones, al sustituir importaciones procedentes de regiones con menor eficiencia ambiental.
En resumen, un modelo que mejora la competitividad y la autosuficiencia, pero con una presión ambiental algo mayor dentro del territorio europeo.
Medioambiente y Clima
En este segundo enfoque, la prioridad es proteger los recursos naturales y mitigar el cambio climático. La PAC dirigiría más fondos a ecoesquemas, biodiversidad y prácticas agroambientales.
Las consecuencias económicas serían moderadas: una caída del 2 % al 5 % en la producción agrícola y un ligero aumento de precios, con impacto limitado en el consumo.
Lo positivo medioambientalmente hablando: la agricultura europea reduciría sus emisiones en un 1,7 % y el excedente de nitrógeno en un 2 %, con beneficios directos sobre suelo, agua y biodiversidad. Además, se crearían unos 90.000 nuevos empleos verdes, fruto de prácticas más extensivas y sostenibles.
Lo negativo: al depender más de las importaciones, la UE trasladaría parte de sus emisiones a terceros países, generando el fenómeno conocido como “fuga de carbono”. Un recordatorio de que la sostenibilidad global no termina en las fronteras europeas.
Escenario sin PAC
El escenario más drástico explora qué ocurriría si desapareciera la Política Agraria Común.
Las conclusiones son contundentes: la renta agraria caería un 11 %, llegando al –21 % en las pequeñas explotaciones, lo que aceleraría el abandono rural.
La producción total descendería un 5 %, el empleo agrícola perdería 250.000 puestos, y la autosuficiencia alimentaria de la UE se vería seriamente comprometida.
Aunque las emisiones europeas bajarían por menor actividad, la producción se desplazaría hacia países menos eficientes, generando un aumento neto de emisiones a escala global.
El estudio confirma así que la PAC sigue siendo un instrumento esencial de cohesión económica, social y ambiental en Europa.
Equilibrar los tres pilares de la sostenibilidad
El informe del JRC no elige ganadores, sino que evidencia las compensaciones inevitables entre crecimiento, sostenibilidad y cohesión.
Apostar por la productividad mejora la renta y la competitividad, pero incrementa la presión sobre los recursos.
Focalizar en el medioambiente protege los ecosistemas, pero reduce la producción y la rentabilidad.
Renunciar a la PAC debilitaría gravemente la estructura agraria y la seguridad alimentaria europeas.
Para sectores como el hortofrutícola, estratégico en España y en el arco mediterráneo, el reto será aún mayor: combinar eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad en un contexto de clima cambiante y exigencias medioambientales crecientes.
Hacia una PAC con propósito
Scenar 2040 concluye que el futuro de la PAC deberá ser flexible, equilibrado y adaptado a las realidades regionales, integrando innovación tecnológica, prácticas sostenibles y apoyo social al agricultor.
Según explica el Centro Común de Investigación (JRC), el horizonte de 2040 se presenta como una oportunidad: redefinir el modelo agrícola europeo para hacerlo más resiliente, justo y sostenible.
Porque, como recuerda el informe, el verdadero motor de la transformación verde será —una vez más— el propio agricultor, si cuenta con las herramientas, los incentivos y el reconocimiento necesarios para liderar el cambio.



