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Hace unos cuantos meses publiqué el trabajo de igual título en un libro editado por Cajamar “Sector agroalimentario y trabajo: Una relación en transformación” coordinado por Dionisio Ortiz e Ignacio Atance (descargable en Plataforma Tierra). Hay datos sobre inmigración y agricultura que merecen salir en este informe y llegar a la conversación pública. Estos son algunos.
La agricultura es y ha sido un pilar fundamental de las economías nacionales, aunque no siempre sea vista de esta manera, dependiendo más que otros sectores de la disponibilidad de mano de obra. En este marco, la inmigración está jugando un papel crucial al suplir las necesidades laborales del sector agrario, especialmente donde la población local no completa la demanda de empleo.
La contratación de población extranjera en la economía española es patente. En solo diez años, las afiliaciones de trabajadores extranjeros han crecido un 79%. En el ámbito específico del campo, las encuestas evidencian que la agricultura sigue siendo el destino laboral del 5,8% de la población extranjera, más de dos puntos por encima del total de los trabajadores nacionales. El empleo extranjero resulta imprescindible para mantener la actividad agrícola nacional, tanto en las explotaciones intensivas hortícolas como en frutos rojos o en las frutas de hueso y cítricos. La magnitud del fenómeno a escala europea es considerable: casi el 75% de estos trabajadores se concentra en solo cuatro países de destino, con Italia a la cabeza, seguida de España, Francia y Alemania.
Sobre el perfil de los trabajadores, Marruecos es el principal país de origen, aportando el 42% de la mano de obra extranjera en el sector. Se trata además de una población notablemente joven, con un tercio de sus integrantes por debajo de los 35 años.
Desde una perspectiva formativa, el empleo agrario se ha caracterizado por una baja cualificación: casi dos tercios de los ocupados en el sector poseen estudios básicos o inferiores, proporción que asciende al 77% en el caso del trabajador agrícola extranjero. En muchos casos, la migración hacia zonas agrícolas responde a la falta de oportunidades en otros sectores, tanto en el país de origen como en el de destino. Las demandas estacionales de mano de obra generan flujos migratorios entre países con marcadas diferencias salariales, y los trabajadores migrantes son percibidos como una solución rápida y flexible para esas necesidades.
Fenómeno complejo
Otro aspecto ineludible es que la asociación entre trabajo extranjero en la agricultura e inmigración ilegal constituye un fenómeno complejo y multifactorial, con implicaciones sociales, económicas y políticas significativas. A diferencia de lo que comúnmente se asume, gran parte de las labores agrícolas, especialmente en invernaderos, requieren de una fuerza laboral estable todo el año. La rotación en las contrataciones no se explica, por tanto, por una demanda estacional, sino por una oferta poco estable que considera el trabajo agrario, dadas sus condiciones laborales y su remuneración ajustada, como punto de partida hacia otros sectores. A ello se añade que la regularización de los inmigrantes sigue siendo un proceso complejo y burocrático que, en determinados casos, ha favorecido el empleo irregular.
Además, la tecnificación y modernización del campo están impulsando una transformación que puede reducir progresivamente la demanda de mano de obra no cualificada, lo que plantea interrogantes serios sobre el futuro de este colectivo. La transición hacia un modelo más tecnificado y especializado, junto con dificultades inherentes a la integración de los trabajadores inmigrantes, exige políticas que faciliten la estabilidad laboral, la formación continua y mejora de las condiciones de trabajo, incluyendo soluciones habitacionales. Muchas de las medidas requieren un trabajo estrecho y consensuado entre todos los implicados, evidenciando que es un problema que excede a cualquier sector.
Queda claro, en definitiva, que la migración agrícola no es solo una cuestión económica, sino también social y política, con implicaciones que trascienden las fronteras nacionales y que demanda un enfoque muy amplio para su resolución.



