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El aumento de la disponibilidad y el consumo de frutas y hortalizas figura entre los retos prioritarios para avanzar hacia sistemas alimentarios más saludables y sostenibles.
Así lo concluye un estudio publicado en Nature Food, que advierte de que el ritmo actual de progreso es insuficiente para cumplir los objetivos internacionales fijados para 2030 en materia de alimentación, salud y sostenibilidad.
La investigación, desarrollada por The Food Systems Countdown Initiative, FSCI, (Iniciativa de Cuenta Regresiva para los Sistemas Alimentarios) ha analizado 44 indicadores vinculados a la nutrición, la producción agraria, el medio ambiente, la equidad social y la gobernanza alimentaria.
Los resultados muestran importantes retrasos en numerosos ámbitos, entre ellos varios directamente relacionados con el acceso a dietas saludables y el consumo de frutas y verduras.
Entre los indicadores estudiados figura la disponibilidad de frutas, el consumo de los cinco grupos principales de alimentos, la diversidad dietética infantil y la proporción de población que no consume frutas ni verduras. Los autores concluyen que muchos países siguen lejos de los niveles considerados necesarios para garantizar dietas saludables a toda la población.
El trabajo identifica además la imposibilidad práctica de alcanzar algunos objetivos vinculados a la alimentación saludable antes de 2030 si se mantiene el ritmo actual. En particular, señala que la reducción de la inseguridad alimentaria y la eliminación de dietas deficientes requerirían aceleraciones muy superiores a las observadas durante la última década.
Disponibilidad
Uno de los hallazgos más relevantes para el sector hortofrutícola es que la disponibilidad de frutas aparece entre los indicadores utilizados como referencia para medir el desempeño de los sistemas alimentarios. De hecho, los investigadores destacan que los países con mejores resultados presentan niveles significativamente más elevados de acceso a alimentos frescos y dietas diversificadas.
El estudio revela una fuerte relación entre el nivel de renta y la disponibilidad de hortalizas. Mientras los países de bajos ingresos registran déficits significativos respecto a los niveles de referencia establecidos para su grupo económico, los países de mayores ingresos muestran una disponibilidad mucho más elevada de verduras por habitante.
Los autores subrayan que aumentar el acceso a frutas y hortalizas resulta esencial no sólo para mejorar la nutrición, sino también para avanzar en otros objetivos de desarrollo sostenible relacionados con la salud pública y la resiliencia de los sistemas alimentarios. En este sentido, consideran prioritarias las políticas que favorezcan la producción, distribución y asequibilidad de alimentos frescos.
Pese al diagnóstico preocupante para 2030, el trabajo mantiene una visión más optimista a largo plazo.
Según sus estimaciones, gran parte de los objetivos relacionados con la alimentación saludable podrían alcanzarse antes de 2050 si los gobiernos aceleran las inversiones y adoptan medidas que faciliten el acceso de la población a dietas equilibradas, en las que las frutas y hortalizas desempeñan un papel fundamental.
Para los autores, la transformación del sistema alimentario global pasa inevitablemente por mejorar la calidad de la dieta y aumentar el consumo de alimentos vegetales frescos.
Sin una evolución significativa en este ámbito, advierten, será difícil cumplir los compromisos internacionales sobre salud, nutrición y sostenibilidad durante las próximas décadas.


