Sí, el sector agrícola echa chispas y, aunque parece que queda lejos, cada vez más se asemeja a la industria automotor europea. ¿Cómo es esto? Intento explicarme.
El Pacto Verde lleva aparejada legislación muy variada. Basta leer la web de WWF: “la ley de restauración de la naturaleza, a la que se está oponiendo el lobby agroindustrial […] Destacar la Directiva europea de Diligencia Debida, clave para que el sector empresarial asuma su responsabilidad en la lucha contra el cambio climático y proteja los derechos humanos”.
Y continuando, por citar alguna más: “La ley sobre sistemas alimentarios sostenibles y la regulación sobre el uso sostenible de plaguicidas. Estas son fundamentales para garantizar la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios y poder cumplir con las estrategias europeas de biodiversidad y de la granja a la mesa”.
Mientras tanto los productores trinan. Pekka Pesonen, secretario general de Copa-Cogeca, decía este junio pasado que esta normativa «reducirá nuestra capacidad para producir alimentos y estaremos más expuestos a las importaciones». No digo más.
Ahora vayamos al coche eléctrico.
El objetivo de la legislación europea respecto a los coches eléctricos es claro: conseguir que sean la única opción de movilidad en el futuro o casi presente. Para 2035 dejarán de venderse en Europa coches nuevos con motores de combustión, ni híbrido. Sólo habrá cabida para los vehículos eléctricos.
La normativa cogió a los productores europeos con el pie cambiado y aquí es donde aparece China. Me remito a una noticia aparecida recientemente en El Debate Motor “el caballo de Troya chino que ha puesto en jaque a la industria europea del automóvil”. Es cierto que China llevaba años de ventaja, esperando su momento hasta que “la industria del automóvil china ha convertido a los coches eléctricos baratos en su caballo de Troya particular, un caramelo con el que han seducido a los mercados europeos para luego sacar de su barriga decenas de coches que los compradores europeos han admitido de buen gusto.” (Está bien eso de “buen gusto”, han dado de lleno en la diana). ¿Cómo lo han hecho? Sencillo: fichajes de diseñadores europeos, participación del gobierno en las empresas (financiación infinita), anticipación en la compra de inputs, y, por supuesto “energía muy barata, que en muchos casos procede de fuentes ‘sucias’ no renovables que en Europa serían impensables”.
Volvamos a la agricultura y centrémonos en el sector hortícola. No me molesto ni en poner nombre al “China” hortícola. No me digan ustedes que esta situación no se asemeja, al menos algo, con lo que está pasando con la producción Extra-UE. Durante años, nuestros competidores han ido aprendiendo nuestro saber hacer, apoyados por un desequilibrio laboral y legal siempre a su favor. Ahora las condiciones les son propicias, alta inflación unida a una regulación que constriñe nuestra capacidad de competencia. Se lo hemos puesto en bandeja.
Sí hay algo en lo que no se parece: Apoyándose en esa producción china poco sostenible de coches eléctricos “Europa quiere justificar nuevos aranceles a la importación, que actualmente son del 10 %”. Ahí lo dejo.



