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Las frutas y hortalizas ante el espejo: Brillo en la caja y fatiga en el campo

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Se acabó el año 2025 y el mundo sigue girando para el sector de las frutas y hortalizas. Si atendemos a las grandes cifras (primeras estimaciones del Ministerio de Agricultura), el sector se ha afianzado como la columna vertebral de la producción agraria en España.

Las frutas y hortalizas representan el 37,2% del valor de la producción agraria (17,4% hortalizas y 19,8% las frutas). Este año, la producción frutícola ha crecido un 2,2%, pero su valor sube el 24,1%. El movimiento hortícola ha sido más modesto, de ahí que haya bajado su representatividad: la producción cayó un 1,2%, aunque su valor creció un 5,9%. Hoy por hoy, el valor de la producción frutícola es un 43% superior a la de hace 5 años (con un 6% más de producción), el valor hortícola crece un 22% en ese mismo periodo (con un 7% menos de cosecha). La superficie total de frutas y hortalizas ha caído aproximadamente un 2,5% en el último lustro.

Si algo representa al sector es su vocación exterior (destino del 48% de la producción), algo que tampoco tiene mala pinta (también con datos estimados):
en 2025 bajan las toneladas un 1,2% (13,1 millones de toneladas), pero el valor crece un 5,4% (más de 23.300 millones de euros). En los últimos cinco años, el valor de las exportaciones ha aumentado un 20%, sin embargo, el volumen ha caído un 10%. La primera provincia exportadora sigue siendo Almería: 3.800 millones de euros, frente a los 3.700 millones de Murcia, o los 2.900 de Valencia). Este ranking se repite al hablar en toneladas: 2,7 millones para Almería, 2,5 de Murcia, y 2,1 en Valencia.

Poniendo el foco en Almería, la última campaña 2024/25 acabó con buenas cifras: un 4% más de cosecha y una variación del valor en origen superior al 15%. Las
exportaciones de 2025 parecen continuar esa senda: aumento del 4% en kilos y del 7% en valor.

Pero echemos la vista atrás. En los últimos 5 años, las toneladas exportadas desde esta provincia han caído un 10%; sin embargo, el valor de las ventas ha crecido un
25%. En términos de producción, la situación es más desahogada: en cinco años, sólo descienden un 1% (aunque esconde reordenamiento de cultivos) y el valor en origen ha aumentado por encima del 30%. Los datos en esta provincia reflejan un cierto paralelismo con el panorama general, aunque da la sensación de que intenta no perder músculo productivo.

Ejerzamos ahora de abogado del diablo. Los datos nacionales de producción de 2025 revelan una cierta desconexión entre el éxito económico y la capacidad productiva real, más clara en el caso hortícola. Este escenario puede responder a un cambio forzado donde el sector está abandonando cultivos tradicionales para refugiarse en huecos de mayor valor con el fin de compensar costes y limitaciones productivas (clima, estrés hídrico crónico, reducción de materias activas autorizadas, escasez de mano de obra, entre otras). En esencia, este parece un crecimiento basado en la escasez de oferta que, aunque salva las cuentas anuales, podría debilitar a medio y largo plazo la estabilidad del modelo agrícola tradicional al reducir su base productiva.

Seguramente, esta es la única opción que le queda a un campo cada vez más exhausto, cansado de luchar contra los elementos, las normativas, y la competencia.

En el plano exterior es donde las cifras más chirrían. Los datos de exportación confirman, poco a poco, una pérdida de soberanía en los lineales europeos que
debería encender las alarmas.

Haber cedido un 10% del volumen exportado en sólo cinco años supone ceder cuota de mercado a competidores como Marruecos, Egipto o Turquía, que ocuparán con rapidez los otros huecos que España deja vacíos. Al encarecerse el producto y reducirse la oferta física, España corre el riesgo de dejar de ser el socio estratégico e imprescindible de la gran distribución europea para convertirse en un proveedor más, perdiendo el músculo logístico y la capacidad de influencia que durante décadas nos definieron como la «huerta de Europa».

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Sin duda estos grandes datos esconden circunstancias y situaciones muy distintas.
Espero, al menos, que estas líneas generen un debate de fondo que nos permita detectar y cerrar las grietas por las que se pueda erosionar este sector. El año 2026 seguro que será otra historia.

Juan Carlos Pérez Mesa

Profesor de la Universidad de Almería. Dpto. Economía y Empresa

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