Las crisopas, unas grandes aliadas del agricultor

CRISOPA

Las crisopas son insectos pertenecientes al del orden de los neurópteros, compartido con hormigas león y mantíspidos. Cuando se menciona comúnmente a las crisopas, generalmente se hace referencia a la familia Chrysopidae, sin embargo, no es esta la única familia que interesa para hacer frente a plagas y proteger nuestros cultivos.

Para este post veremos las familias Chrysopidae (crisopas verdes), Hemerobiidae (crisopas pardas) y Coniopterygidae (crisopas polvorientas). Conforman un grupo bastante diverso, en la Península Ibérica podemos encontrar 129 especies repartidas en 28 géneros (Monserrat, 2015; 2016; 2016).

La longevidad de los individuos adultos es relativamente alta comparada con insectos de tamaño similar, varía considerablemente entre especies y las condiciones ambientales también afectan, por lo que de media viven 3 meses y medio.  Los adultos de Chrysopidae se alimentan de néctar y polen, en esta familia son las larvas las que ejercen el papel de control biológico. En las otras dos familias, los adultos son depredadores al igual que las larvas, aunque suelen ser menos voraces y activos.

Son bien conocidos los huevos de las crisopas verdes, que los suspenden sobre un pedúnculo que secreta la hembra a partir de una sustancia rica en aminoácidos, esta se endurece rápidamente al contacto con el aire. Las otras dos familias ponen los huevos directamente sobre el sustrato, normalmente sobre nerviaciones de las hojas, en el envés o en cortezas de árboles y arbustos.

ciclo de la crisopa

Las larvas son las verdaderas protagonistas. Alargadas y ligeramente aplanadas dorsoventralmente, estas pequeñas con forma de cocodrilo son depredadores devastadores para pulgones, mosca blanca, araña roja y una gran cantidad de artrópodos-plaga de cuerpo blando o semiblando.

Se alimentan succionando los jugos del interior de sus presas, siendo muy característica la disposición de las mandíbulas en las familias Chrysopidae y Hemerobiidae. Hay diferentes especies con preferencias concretas, pero por norma general todas tienen predilección por el consumo de pulgones.

Una larva grande de la familia Chrysopidae puede consumir de 30 a 50 pulgones en un día, y un estudio estimó que la descendencia de una pareja de hemeróbidos puede llegar a consumir, en condiciones ideales, 4 millones de pulgones en un año (Monserrat, 2015). Hace referencia a condiciones ideales debido a que la temperatura, precipitaciones, sustrato, etc. afecta en la ingesta. Pese a que en algunas ocasiones se ha observado larvas de crisopa alimentándose de néctar o polen, su capacidad predadora llega a tal punto que, en caso de escasez de presas, pueden llegar al canibalismo entre larvas.

Después de aproximadamente dos semanas, aunque esto nuevamente depende de la especie, la larva ha pasado por tres estadíos larvarios y procede al estado de pupa, tras lo cual, con el paso de unos días, emergerá el adulto que completa el ciclo. 

Debido a su capacidad de depredación, hay multitud de empresas que comercializan los huevos y larvas de algunas especies para el control de plagas en invernaderos. Para favorecer su aparición natural existen dos medidas básicas:

  • Reducir o eliminar el uso de pesticidas: Es cierto que las crisopas tienen mayor resistencia a algunos productos que otros insectos de control biológico, pero no por ello debemos restarle importancia (Quintano, 2009). Cuando usemos fitosanitarios para controlar las plagas tendremos que informarnos de a que especies afecta y si esto será incompatible con el mantenimiento de una población saludable.
  • Mantener la biodiversidad vegetal: Para tener una población estable de crisopas es fundamental contar con coberturas vegetales aparte de los cultivos. Esta vegetación, mantenida por ejemplo en forma de “lindes verdes”, servirá de refugio para las crisopas y aportará alimento cuando este escasee en los cultivos. Deberemos contar con especies productoras de polen y néctar para los adultos, y será muy beneficioso contar con plantas atrayentes o “trampa” que, además de alejar a los pulgones y otros insectos de los cultivos, proporcionarán alimento estable a las crisopas. 

Es importante mantener tanto vegetación arbórea o arbustiva como herbáceas, que podemos sembrar como cubierta en corredores. Esto asegurará un buen resguardo para que completen su ciclo y se mantengan durante las labores de recolección, o cuando escaseen las presas.

crisopas

Si no se cumplen estas medidas será complicado mantener una población estable y se convertirán en insectos ocasionales. Si se llevan a cabo sueltas y no tienen vegetación alternativa a los cultivos, cuando las presas escaseen los adultos migrarán y tendremos que proceder a introducir más larvas.

Estos insectos siempre serán grandes aliados del agricultor y debemos tratar de conservarlos. El fomento de sus poblaciones no requiere grandes esfuerzos ni inversiones, y compensa con creces la labor que desempeñan.

AUTOR: Asociación de Ciencias Ambientales.

FUENTE: Blog Cultivando el Medio Ambiente. SIGFITO

Redaccion AenVerde

info@aenverde.es

Sin comentarios

Deja una respuesta