Las claves para la producción sostenible

Con el inicio de la revolución industrial y, particularmente, en los últimos 50 años, la sociedad en general ha ido progresivamente despertando al hecho de que la sobreexplotación desmedida de los recursos naturales y la falta de reutilización de los residuos que generamos, está transformando nuestro mundo en un lugar mas inhóspito y deshumanizado.

Respecto a la alimentación de la humanidad, con una población mundial de alrededor de 7.000 millones de personas y con un horizonte cercano a los 10.000 millones para 2050, se presenta como un reto de enorme dimensión. Las tierras dedicadas a la producción de alimentos están limitadas y son ya un recurso escaso.

Hoy en día la práctica totalidad de los habitantes del mundo desarrollado y buena parte de los de países en vía de desarrollo son conscientes de que la única manera de paliar las terribles consecuencias de este sinsentido es trabajar de nuevo para mantener un equilibrio sostenible en cada una de las intervenciones y actividades humanas.

El uso de recursos y su transformación ha de ser circular, esto es, ha de permitir su reutilización posterior, preservando así el potencial de calidad de vida para las generaciones venideras.

Sostenibilidad como filosofía de vida

Por ello, la “sostenibilidad” se ha convertido en la nueva filosofía de referencia para millones de personas en el mundo. Cuando un consumidor compra en un lineal de un distribuidor, además de calidad y seguridad alimentaria, demanda la certeza de que el producto sea el resultado de la utilización de métodos de producción sostenibles. Además de las propiedades nutritivas y saludables del producto el comprador exige transparencia para asegurarse que su producción no ha perjudicado al medio ambiente, se han respetado unas mínimas normas de bienestar animal y no ha supuesto la violación de los derechos fundamentales de las personas en el proceso.

En estos últimos 10 años la demanda de productos sostenibles ha crecido de forma exponencial y las previsiones apuntan al mantenimiento de este patrón hasta que acaben desplazando a los productos menos sostenibles.

En este escenario, y en lo que a la alimentación se refiere, el productor se enfrenta a retos muy importantes. La producción sostenible, en su expresión mas elevada, incluye métodos de producción ecológicos que, a día de hoy y en comparación con convencionales, llevan aparejadas importantes mermas de productividad y un más alto riesgo de pérdida total de la producción.

Si bien es cierto que los precios del producto ecológico, en justo retorno al valor del mismo, se mantuvieron inicialmente en un nivel que permitía la sostenibilidad económica de las explotaciones, también es cierto que en los últimos años este ha descendido peligrosamente afectando la rentabilidad de los productores. Se da el caso de que en determinadas coyunturas de mercado el precio del producto ecológico llega a ser prácticamente igual al del producto convencional. Esta situación, como es obvio, pone en peligro la continuidad de la producción ecológica y, por su puesto, su crecimiento futuro. Muchos productores, aunque quisieran continuar, se pueden ver en la tesitura de abandonar sus explotaciones y tentados a volver a métodos convencionales.

El papel de los productores ecológicos pues, es absolutamente clave para la necesaria transformación social que permita retomar la senda de la sostenibilidad y el aseguramiento de la vida de las próximas generaciones. En este sentido, consumidores, distribuidores y demás actores de la cadena de valor de los productos ecológicos han de tomar conciencia de la fragilidad de la producción y demostrar una especial sensibilidad hacia los pioneros y héroes de esta valiente, beneficiosa y sostenible forma de producir.

El consumidor ha de seguir apostando por el valor del producto ecológico, exigiendo y cerciorándose de que no todo vale a la hora de producir. La distribución ha de garantizar y proteger a sus proveedores compensando con precios justos los esfuerzos y riesgos del productor y asegurando su viabilidad económica. La industria auxiliar de la producción ha de invertir en nuevas tecnologías sostenibles que faciliten y hagan más seguras la producción y distribución para que los alimentos lleguen en las mejores condiciones hasta la mesa del consumidor.

El consumidor ha de seguir apostando por el valor del producto ecológico, exigiendo y cerciorándose de que no todo vale a la hora de producir. La distribución ha de garantizar y proteger a sus proveedores compensando con precios justos los esfuerzos y riesgos del productor y asegurando su viabilidad económica. La industria auxiliar de la producción ha de invertir en nuevas tecnologías sostenibles que faciliten y hagan más seguras la producción y distribución para que los alimentos lleguen en las mejores condiciones hasta la mesa del consumidor.

 

Francisco Bravo
Francisco Bravo

CEO de Ecoespaña Asociación de Producción Ecológica Sostenible

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