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La sandía fue blanca, amarga y potencialmente mortífera

Papiro sandía

La sandía que consumimos hoy en día no tiene apenas parecido con la que revelan las semillas de 6.000 años halladas en Libia. Un reciente estudio llevado a cabo por un grupo internacional de investigadores encabezado por el colombiano Óscar Alejandro Pérez-Escobar descubre, con un alto grado de probabilidad, que su aspecto era blanco y su sabor, amargo. La pulpa tenía además «un gran contenido de un compuesto que se llama cucurbitacina, que es lo que da el sabor amargo a algunas calabazas y melones». Este compuesto, si se consume en grandes cantidades, puede llevar a la muerte, según declaró el investigador Pérez-Escobar a BBC Mundo. 

Antes del análisis del ADN de estas semillas ancestrales, ya había constancia de que la sandía se consumía en Egipto, según iconografías halladas en papiros de la época. Las semillas de Citrullus lanatus subsp. vulgaris, nombre científico de la sandía, mezcladas con frutos secos de Ziziphus spina-christi, que son dulces, se han encontrado en numerosas canastas en la tumba de Tutankamón, lo que indica que las semillas también se comían como refrigerio.

Tras el hallazgo de las semillas milenarias en un sitio arqueológico llamado Uan Muhuggiag, en lo que hoy es el desierto del Sahara, al sur de Libia, nos remontamos un paso más atrás en la Historia, y algunas de ellas muestran rastros de rotura de dientes humanos.

Para estudiar el origen de las semillas, estos científicos utilizaron técnicas de «arqueogenómica», el análisis de genomas antiguos. Según Óscar Alejandro Pérez-Escobar, autor principal del nuevo estudio y experto en análisis de ADN antiguo y orquídeas del Jardín Botánico de Londres, Kew Gardens, cuando uno secuencia restos de plantas que tienen miles de años de antigüedad, el porcentaje de éxito es muy bajo, usualmente se puede recuperar uno o dos por ciento del ADN de estas plantas«.

Sandía

Hallazgo importante para el futuro

«Comprender el pasado de la sandía es crucial para el futuro», según Pérez-Escobar. Cuando los seres humanos domestican un cultivo siempre hay una pérdida de diversidad genética. En otras palabras, hay un conjunto de caracteres que una planta tenía y que ya no tiene, señaló el investigador.

Por ello, entender la historia de los cultivos permite identificar «reservorios genéticos» en plantas que en el pasado compartieron genes con las especies que se consumen hoy en día. Con el cambio climático tenemos una urgencia muy grande de producir cultivos a escala y muy rápido, que sean mucho más adaptables a condiciones por ejemplo de más aridez. «Las variedades cercanamente relacionadas a las sandías que consumimos ahora pueden tener genes que les dan tolerancia a ciertas pestes o resistencia a condiciones de sequía o de alta salinidad.»

La arqueogenómica permite viajar al pasado y entender cómo los ancestros de los cultivos que consumimos hoy en día lograron adaptarse a cambios climáticos y tolerar enfermedades. Los científicos compararon el ADN de las semillas con el de otras provenientes de Sudán, de unos 3.000 años de antigüedad, y con semillas de herbarios del Jardín Botánico de Kew colectadas en los últimos 150 años.

De esta forma descubrieron que las semillas de Libia, aunque están relacionadas genéticamente con la sandía que consumimos hoy en día, son muy diferentes. La toxicidad de la cucurbitacina se debe a una adaptación de este compuesto que realizaban para prevenir el daño de los depredadores.

Los científicos creen que en el caso de la sandía de 6.000 años solo se consumían las semillas. «A diferencia de la pulpa, las semillas no tienen cucurbitacina, que es extremadamente amarga», afirmó Susanne Renner, investigadora de la Universidad de Washington en Estados Unidos y coautora líder del estudio.

Otro de los autores, Guillaume Chomicki, de la Universidad de Sheffield en Inglaterra, afirmó que las sandías «parecen haber sido colectadas o cultivadas inicialmente por sus semillas. Esto concuerda con marcas de dientes humanos en las semillas encontradas en Libia«.

Dudas sobre la domesticación

Uno de los grandes interrogantes que sigue sin respuesta es cuándo fue domesticada la sandía que consumimos hoy en día. En otras palabras, en qué momento alguien comenzó a seleccionar estas sandías por sus rasgos deseables y a propagarlas.

«Una hipótesis que manejamos es que antes de que se domesticara la sandía para cualquier tipo de uso, ya sea la semilla o la pulpa roja, el ancestro de estas especies era una sandía que era amarga, tenía pulpa blanca y semillas pequeñas», señaló Pérez-Escobar.

Los autores concluyen que «algún día alguien por azar encontró una planta con una mutación que tenía pulpa roja o amarilla y dulce, tomó las semillas y las empezó a propagar».

Redaccion AenVerde

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