La revolución silenciosa de la horticultura

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Desde 2007 los agricultores de Almería hablan latín. Orius laevigatus, Amblyseius swirskii, Phytoseiulus persimilis, Necremnus tutae… y así hasta alcanzar una larga lista de nombres de pequeños aliados que calladamente representan una auténtica revolución frente a las plagas más comunes de los cultivos de invernadero.

Hasta esa fecha “hacíamos una horticultura en un entorno estéril, echando productos que mataban todo, pero a partir de 2007 todo cambió con la introducción paulatina de fauna auxiliar para combatir las plagas y hoy, terminando este primer cuarto de siglo XXI podemos asegurar que estamos ante un cambio de concepto para lograr un auténtico manejo agroecológico”, asegura Jan van der Blom, responsable del Departamento de Técnicas de Producción Vegetal de COEXPHAL.

Para este entomólogo “necesitamos el control biológico porque se ha demostrado que ante muchas plagas es lo único que funciona. Y para tener éxito tenemos que adaptar el entorno, tanto dentro como fuera de los invernaderos, y conseguir una auténtica biodiversidad funcional, que debemos aumentar para llegar a un sistema completo de producción sostenible”.

¿Qué dicen las cifras?

Se puede decir que el cultivo de invernadero bajo control biológico alcanza el 100% de las hectáreas de pimiento, el 80% del tomate y el 70% en berenjena, siendo menores los porcentajes en calabacín (un 40%) y en pepino (un 50%).

Una reciente encuesta a 200 agricultores de Almería, realizada en el ámbito de la campaña I Love Bichos de Hortyfruta, con la colaboración de los alumnos de las principales escuelas agrarias de la provincia, lanzaba unos datos muy prometedores.

Respecto los trips, y a pesar del éxito logrado con auxiliares como el Orius o Amblyseius, sigue siendo una plaga importante, pero ya se sabe que mantener una humedad en el invernadero por encima del 50% ayuda a frenarlas. En dicha encuesta se refleja que el 61% de las fincas tienen medidas para humedecer el ambiente, y un 6% están automatizadas.

Está demostrado además que, con la humidificación, tanto Orius como Amblyseius se instalan mejor, de forma que un 79% de los consultados tienen menos problemas para controlar dicha plaga.

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Necremnus tutae.

Frente al pulgón y aunque se trabaja con parasitoides (Aphidius) ahora se están usando mucho bankers de cereales y además, no sólo con pequeñas mesetas distribuidas por el invernadero sino colocando líneos enteros para obtener una buena crianza de auxiliares.

De la citada encuesta se extrae que un 30% de los agricultores ha encontrado fauna auxiliar beneficiosa que no habían soltado en sus cultivos. Unos insectos que son cada vez más apreciados por esta ayuda de la calle a la fauna insertada dentro del invernadero. Así ocurre por ejemplo con uno de los parasitoides de la Tuta absoluta, Necremnus tutae, una pequeña avispilla que parasita las larvas de esta plaga tan dañina para cultivos como el tomate.

Setos y vegetación

De ahí, el gran paso que se está dando al dotar los alrededores de los invernaderos de setos vegetales con una gran variedad de vegetación con diversas plantas de floraciones escalonadas que tienen una doble función. Por un lado, servir de refugio a los enemigos naturales y por otro, formar una barrera natural frente a las plagas haciendo que se centren en ellas en lugar los cultivos, máxime en una zona intensiva como los invernaderos del sur de España.

A ello se suma la acción de estas masas vegetales sobre el suelo, enriqueciendo el sustrato con materia orgánica, evitando erosiones por escorrentía, sobre todo en taludes, y sin olvidar un componente estético al transformar el paisaje monótono de los invernaderos.

Orius laevigatus.

Aves y murciélagos

Esa riqueza de biodiversidad ayudará a la instalación y supervivencia de otros grandes aliados de los pequeños insectos auxiliares: reptiles, aves o murciélagos. Unos insectívoros y quirópteros que se ayudan de los matorrales y setos o de pequeños huecos en árboles y paredes para anidar.

Para paliar de algún modo la escasez de hábitat en las zonas de invernadero hay iniciativas como la emprendida desde el Grupo Operativo Ideas (GO Ideas) donde entre otras prácticas agroecológicas están instalando cajas nido para aves y murciélagos en los entornos de los cultivos bajo plástico en Almería.

Las balsas, también

Un elemento consustancial a los cultivos son las balsas de agua diseminadas entre los invernaderos en las que en un breve espacio de tiempo comienzan a aparecer algas, tornando sus aguas de un verde oscuro característico. Para evitarlo, muchos agricultores echan mano de químicos -algo prohibido-y además es poco efectivo porque tardan poco en reaparecer.

Existe un manejo agroecológico que prescinde de tratamientos artificiales y que consigue mantener la calidad y transparencia del agua usando plantas acuáticas sumergidas en el fondo, como es el caso de las pertenecientes al género de la Chara sp. y al ser vegetales, aumentan la oxigenación del agua. Su carácter rastrero les impide ser absorbidas por las tomas.

Rentabilidad

Y un último argumento, no menos importante: la rentabilidad. La práctica del control biológico ha demostrado una mayor y mejor producción. Jan van der Blom ponía el ejemplo de un agricultor de Campo de Cartagena en las pasadas jornadas de Phytoma, 25 años de control biológico en el cultivo de pimiento en el sureste español. Este agricultor probó en su finca de pimientos en 1997 los resultados de usar o no el control biológico, corroborando que la introducción de insectos auxiliares le proporcionó un 5,5% más en producción total y un 40% más de primera calidad, es decir, con mucho mejor precio.

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Nesidiocoris tenuis.

Este es el panorama actual. Desde las balsas a los alrededores del invernadero cambiando el paisaje o convirtiendo los interiores en auténticos jardines, con plantas de floración que darán “vitaminas” a los pequeños “bichos” batalladores de plagas y enfermedades.

Con un manejo medido y controlado por los técnicos, cada vez más preparados, así como de muchos agricultores, todos convencidos de que el enfoque agroecológico es el único camino posible, y al que últimamente se va sumando el aporte de materia orgánica a los suelos, con siembras en seco o con un mejor uso de la solarización se está logrando.

Es la revolución silenciosa en la horticultura, todo un cambio de paradigma desde aquella agricultura estéril a una rica en diversidad y sostenibilidad.

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Redaccion AenVerde
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