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En la industria alimentaria, el control de plagas en productos almacenados —como cereales, legumbres, semillas o frutos secos – constituye un elemento crítico para garantizar la seguridad alimentaria, preservar la calidad del producto y cumplir con los requisitos normativos vigentes.
Tradicionalmente, la desinsectación de productos almacenados se ha basado en el uso de fumigantes químicos. Sin embargo, la evolución de la legislación, junto con una mayor sensibilidad hacia la sostenibilidad ambiental y la protección de la salud de las personas, ha impulsado la adopción de métodos alternativos que permitan un control eficaz de las plagas sin generar residuos ni comprometer la integridad del alimento.
En este contexto, el uso de dióxido de carbono (CO2) se ha consolidado como una solución técnica viable y ampliamente utilizada para la desinsectación en la industria alimentaria.
Principios
La desinsectación con CO2 se basa en la modificación controlada de la atmósfera que rodea al producto almacenado. Al incrementar la concentración de dióxido de carbono y reducir el contenido de oxígeno, se generan condiciones incompatibles con la supervivencia de los insectos.
El efecto del CO2 sobre las plagas se produce mediante mecanismos físicos y fisiológicos. El aumento de la concentración de este gas interfiere en el sistema respiratorio de los insectos, provocando alteraciones metabólicas que conducen a su eliminación en todas las fases de desarrollo, incluidos huevos, larvas, pupas y adultos.
Al no tratarse de un insecticida químico, el proceso no implica la incorporación de sustancias tóxicas al producto tratado.
La eficacia del tratamiento depende de varios parámetros técnicos, entre los que destacan la concentración de CO2, el tiempo de exposición, la temperatura y el grado de hermeticidad de la instalación. El control preciso de estas variables permite adaptar el tratamiento a diferentes volúmenes, tipos de producto y niveles de infestación.
Modalidades de aplicación
Los tratamientos de desinsectación con CO2 pueden realizarse mediante distintas modalidades operativas, en función de las condiciones de la instalación y de los objetivos del proceso.
Los tratamientos a alta concentración y presión permiten alcanzar niveles letales de CO2 en periodos de tiempo relativamente cortos, lo que resulta especialmente útil en situaciones que requieren una intervención rápida.
Por otro lado, los tratamientos a presión atmosférica constituyen una alternativa técnicamente más sencilla, aunque requieren tiempos de exposición más prolongados para garantizar la eliminación completa de las plagas.
En ambos casos, el diseño adecuado del proceso y el seguimiento de las condiciones de aplicación son aspectos clave para asegurar la eficacia del tratamiento y la seguridad de las operaciones.
Para el uso de este gas en esta aplicación concreta, es necesario que esté registrado como producto fitosanitario con el registro ES-01373. Actualmente, el único producto registrado tiene el nombre de Freshline Agro.
Ventajas frente a otros métodos
La desinsectación con CO2 presenta una serie de ventajas frente a los métodos químicos convencionales:
Alta eficacia frente a las principales especies de insectos asociadas al almacenamiento de productos alimentarios, independientemente de su fase de desarrollo.
Ausencia de residuos en el producto tratado, lo que elimina la necesidad de periodos de seguridad antes de su comercialización o transformación.
Compatibilidad con productos destinados a mercados con altos requisitos en materia de seguridad alimentaria, incluidos los productos ecológicos.
Reducción del impacto ambiental, al evitar el uso de plaguicidas químicos persistentes.
Adecuación a los marcos regulatorios actuales y a las estrategias de sostenibilidad del sector alimentario.
FUENTE: Anecpla Imagen: @aleksandarlittlewolf



