Frutas y hortalizas: un granito de arena en la lucha contra el cáncer

Frutas y hortalizas de Almería

Desde la inauguración de esta sección, venimos declarando las frutas y hortalizas como fuente de salud, como herramientas clave de la economía de nuestra provincia que nutren a sus consumidores contribuyendo de forma muy activa a la prevención de diversas enfermedades.

El concepto de enfermedad puede definirse a grandes rasgos como la pérdida del estado de salud. Sin ánimo de sustituir a los medicamentos u otros tratamientos, las frutas y hortalizas, más allá de su papel en la prevención, también aportan su granito de arena en el proceso de recuperación de ciertas enfermedades.

Independientemente del origen de la enfermedad y de su cuadro clínico, cualquier proceso que implique una alteración de la salud conllevará además una alteración de los mecanismos de acción biológicos normales, así como la aparición de otros anómalos.

Las vitaminas, minerales y fitoquímicos presentes en frutas y hortalizas participan en numerosas reacciones químicas imprescindibles para el correcto funcionamiento del cuerpo y, por tanto, un buen aporte de estos reforzará y/o ayudará a regular aquellos procesos que se vean alterados en el transcurso de la enfermedad. En función de la patología se verán alterados unos mecanismos u otros, que a su vez requerirán unos nutrientes u otros. Por esto será importante conocer cuáles son los nutrientes involucrados en cada patología para poder así elegir la hortaliza y/o fruta que lo contiene.

El artículo de este mes lo vamos a dedicar al cáncer, por ser una patología que preocupa especialmente en la actualidad y que tiene a prácticamente todos los alimentos sometidos a numerosos estudios científicos para determinar su papel (positivo o negativo) en esta enfermedad

Nos centraremos en las conclusiones existentes por el momento para frutas y hortalizas.

El cáncer y la alimentación

El origen del cáncer sigue siendo aún un interrogante por despejar, pero lo que sí se podría afirmar es que aproximadamente el 60% de sus causas derivan directa o indirectamente de la dieta, pues se ha estudiado que el 30-35% de los cánceres dependen directamente de esta; un 10-20% de la obesidad, que en la mayoría de los casos también va asociada a la dieta; y, por último, un 15-20% de infecciones que en muchos casos también se asocian una alimentación desequilibrada y a un sistema inmune débil más susceptible de infección.

Veamos algunas recomendaciones generales para un prevenir y/o contribuir al tratamiento en el cáncer:

Restringir alimentos de origen animal ricos en grasas, aceites vegetales fritos y sobre todo azúcares.

Aumentar la ingesta de alimentos ricos en vitaminas A (caqui, zanahoria, espinaca, alcachofa, calabaza, mango); C (pimiento verde, coles de Bruselas, brócoli, kiwi); E (boniato, aguacate, aceituna, espinaca); D (se sintetiza en la mayoría de los casos al tomar un poco el sol al día); selenio (ajo, lentejas, marisco, nueces; se encuentra a bajos niveles en vegetales); zinc (ajo, cebolla, zanahoria, rábano) y ácido fólico (escarola, berro, endivia, esparrago, brócoli, puerro, calabacín).

Aumentar la ingesta de alimentos ricos en fitoquímicos como tomate, pimiento rojo, manzana, cebolla roja, uvas moradas, berenjena (la piel), repollo, coliflor o brócoli. El brócoli es el vegetal que en la actualidad se está estudiando más para esta patología porque se han descubierto sustancias con buena acción anticancerígena contenidas en él. También los frutos rojos, cerezas y arándanos tienen gran acción antioxidante y por tanto contribuyen igualmente de forma positiva.

Otros como el té verde, la cúrcuma o el jengibre son estudiados y aconsejados para la prevención y durante el tratamiento del cáncer.

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta a la hora de plantear una alimentación que ayude a contrarrestar los efectos destructivos del cáncer es la acidez. Las células cancerígenas viven y se reproducen utilizando un método diferente a las celular normales cuyo alimento fundamental es el azúcar. De hecho demandan mucho más azúcar que una célula normal, de ahí la importancia de seguir dietas que mantengan a raya el azúcar para evitar que las células cancerígenas sigan desarrollándose. Una peculiaridad de las células cancerosas es que se reproducen en ausencia de oxígeno y cuando la glucosa se utiliza de esta manera para obtener energía, se obtiene una sustancia llamada ácido láctico. Este ácido se liberará al organismo suponiendo una acidificación general.

La acidez en el organismo ha sido asociada a múltiples patologías. Existen alimentos considerados ácidos (que contribuirían a la acidificación) y alcalinos (que corregirán la acidez).

Por esto una alimentación compuesta de alimentos mayoritariamente alcalinos podría ayudar a contrarrestar las consecuencias negativas que las células cancerígenas suponen para el organismo.

En esta tabla se muestran los alimentos según su grado de acidez.

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Esto no quiere decir que todos los alimentos mostrados como acidificantes sean perjudiciales para la salud, sino que por diferentes motivos (contenido en azúcar, grasas saturadas, etc.) no son aconsejados en casos de cáncer donde se requiere un control de la alimentación, pues esta podrá contribuir dificultando o favoreciendo el proceso de prevención, curación o posibles recaídas.

Como vemos en negrita, todos los productos de la agricultura almeriense son considerados prácticamente alcalinos y por tanto su granito de arena en la lucha contra el cáncer será indudablemente positivo.

Ana Molina Jiménez

Licenciada en Farmacia. Nutricionista.

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