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«En Europa hemos vivido dentro de la caverna de Platón, pensando que todo era economía, que todo era mercado»

MIGUEL OTERO (2)

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Entrevistamos a Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano, que hoy participa en la Asamblea General de COEXPHAL con su conferencia Europa ante el “Shock de Trump” y junto al consejero de FEPEX, José María Pozancos, pondrán sobre la mesa la geopolítica, los mercados y las tendencias globales en frutas y hortalizas.

Trump asume por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos y el mundo da un giro de 180 grados ¿Qué está pasando?

Se debe a los perdedores de la globalización. Ciertos emprendedores políticos como Trump han sabido leer el sentimiento de esos agraviados que se sienten perdedores, y hay un movimiento antiglobalización y de libre mercado o libre competencia; en definitiva, un fin de etapa desde la globalización que experimentamos desde la caída del Muro de Berlín hasta la crisis financiera de 2008. Y creo que Trump y los movimientos reaccionarios que hay por el mundo son consecuencia de esa gran recesión tras la crisis financiera global.

Por resumirlo, pasamos de la hiperglobalización de aquella época a lo que llamamos el neomercantilismo: hay que proteger a los tuyos, establecer aranceles y practicar lo que denominamos nacionalismo económico.

Uno de los efectos es que la economía y la geopolítica estén más imbricadas que nunca ¿Qué consecuencias tiene?

A nivel geopolítico más alto se va a exacerbar más la rivalidad entre Estados Unidos y China. Para muchos países va a haber más presión para situarse al lado de EE UU o intentar no tanto aliarse con China, porque no tiene aliados, sí tener más independencia.

Y a nivel de empresas, pasamos del mundo de la efectividad, la especialización, de cadenas de valor muy largas, es decir, del mundo Just in Time (JIT) -poner el producto en el momento adecuado y lo más rápido posible- a un mundo Just in Case (JIC), es decir, por si acaso, tener más proveedores e inventario para mitigar riesgos de desabastecimiento, acortar las cadenas de valor, diversificar, duplicar esfuerzos y todo eso motiva finalmente más costes y productos más caros.

Tendremos menos variedad, porque esa variedad será más cara. Es decir, un mundo menos globalizado, o en su caso, globalizado para los que se lo puedan permitir.

Lo último ha sido la ratificación del acuerdo entre la UE y Estados Unidos con aranceles para los productos europeos de un 15% ¿Cómo se pueden reaccionar a esto?

Varias medidas, y en este sentido, el debate en la Unión Europea de los últimos años ya gira en torno al concepto de seguridad económica, y ahí aparecen las 3 P en inglés: Proteger, promover y asociarse (Partner).

Por un lado, promover y ayudar al productor medio europeo, bien con ayudas públicas, coordinación público-privada; proteger los sectores más débiles. Si no es arancel, sí medidas para que la competencia de fuera no sea dañina, y buscar nuevos mercados. Actuar en esos tres niveles.

Existe cierto temor y descontento entre los productores españoles con la política agraria europea por sus restricciones a la producción, medidas legislativas, medioambientales, burocráticas, facilidades para la entrada de productos de terceros países ¿No estamos debilitando nuestra soberanía alimentaria y un ya tocado sector primario?

Hay que encontrar un equilibrio. Como se sabe, la seguridad alimentaria tiene muchos niveles. Desde el inicio de la comercialización, el producto está controlado. No hablemos de regular o desre­gular, sino de una regulación proporcionada, inte­ligente, flexible, ya que los tiempos nos cambian rápidamente.

Y dentro de esa fragmentación de la globalización debemos apostar por nuestro mercado único europeo, por el producto europeo, que al final va a ser el que más autonomía nos va a conceder en cuanto a no depender tanto de los demás.

Siempre teniendo en cuenta que el proteccionismo no es bueno, y ser por tanto inteligentes para que en donde se pueda abrir mercados beneficiosos para nuestros intereses se haga, teniendo en cuenta que no haya competencia desleal desde fuera.

Nuestro principal cliente de frutas y hortalizas españolas es Alemania, un país que usted bien conoce ¿Qué recomendaría para seguir estando a la cabeza en ese mercado?

Alemania está pasando un momento difícil, unos años negativos, recesión y un cambio estructural muy grande en su economía.

También el número de turistas alemanes en España ha bajado. Y aunque la alimentación es importante, el alemán ya busca ahorro, y ahí España puede proporcionar productos agrícolas buenos y competitivos en precio.

Si estamos bien ahí arriba, mi consejo es que debemos seguir haciendo lo que estamos haciendo, porque creo que el alemán no va a apostar por algo exótico, no va a cambiar su línea de mercado o puntos de compra, sino que va a apostar por lo que conoce. Y en momentos de recesión y de ahorro, se lanza hacia la calidad pero que no tenga un precio muy alto.

Ahora está pendiente la renovación de un nuevo acuerdo UE-Marruecos, sin embargo, hay dos sentencias firmes europeas que anulan el anterior debido a productos saharauis que entran como marroquíes. Volviendo a la economía y a la geopolítica ¿Cuánto pesa cada una de ellas en este caso o en otros (acuerdos de pesca, por ejemplo) para decantar la balanza?

En Europa hemos vivido dentro de la caverna de Platón, pensando que todo era economía, que todo era mercado, que la geopolítica afectaba a otros lugares, porque Europa contaba con cierto poder, y Estados Unidos nos avalaba, muchas veces conseguíamos nuestras tesis y los acuerdos comerciales que nos beneficiaban por nuestro peso; sin embargo, ahora nos vemos como otras muchas regiones donde la economía y la geopolítica están entrelazadas, y la verdad es que siempre ha sido así.

Estamos hablando de poder, con sus diferentes patas: la militar, la económica, la parte del poder blando, de la persuasión o cultural; y creo que hemos vivido al margen, y ahora que los equilibrios de fuerza están cambiando, que Estados Unidos no es tan potente, que nos demanda más a nosotros, se dice que ha vuelto, pero siempre ha estado ahí.

Pero en cualquier acuerdo están los dos pesos: la economía y la geopolítica no se pueden separar. Como digo es el poder.

Lo decía Draghi: el peso económico no equivale a peso geopolítico. Creo que, durante demasiado tiempo, la UE se ha centrado en el mercado único, en el fetiche del mercado y ha descuidado lo que antiguamente siempre se ha hecho.

Europa está formada por antiguos imperios y toda esa capacidad del Estado, de lo militar, de lo político se había dejado de lado. Como dijo en su día Lorenzo Bini Smaghi: la UE era un gigante económico, pero se ha quedado en un enano político.

Pues ahora descubrimos que eso se paga caro. O bien se revierte, y nos convertimos en un poder geopolítico, o si no cada vez más -y eso se ha visto en el acuerdo último con Estados Unidos- pues las condiciones las pondrán otros. Borrell lo ha dicho en varias ocasiones:  si la Unión Europea no está «en la mesa del juego geopolítico, estará en el menú».

Redaccion AenVerde

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