El nuevo reto en la evolución de las especies

Suelo vivo

Estamos en una época de transformación y esto siempre precisa de un mayor esfuerzo. El sector lo conseguirá, al igual que ha soportado otro tipo de cambios. Es el momento de evolucionar hacia una agricultora más racional y menos agresiva con nosotros mismos.

Me dispongo a escribir este artículo inmerso en noticias de olas de calor y número récord de incendios por toda Europa. Según las previsiones científicas, este verano 2022 será fresco con respecto a los que nos quedan por venir.

La intención no es ser repetitivo con el cambio climático, pero lo que tenemos ante nuestros ojos es algo muy diferente a lo visto anteriormente.

Se caracteriza por ser una modificación extrema y feroz en el clima de este planeta. Una completa catástrofe medioambiental.

La evolución está marcada por contratiempos que comprometen la supervivencia de las especies que habitan la Tierra. En estos tiempos, las condiciones medioambientales se modifican con rapidez provocando que la capacidad de adaptación de las especies se reduzca mucho. Y finalmente, se está produciendo una reducción sistemática, global y extrema de la biodiversidad.

Algunos científicos incluso plantean una sexta extinción masiva y no debemos descartar que la sabia naturaleza incluya al ser humano, la especie dañina como parásito de los ecosistemas. No en vano, han observado que los suelos fértiles están sufriendo una degradación masiva, y esto compromete la supervivencia de la especie humana.

El suelo, factor clave del sector primario

El sector primario depende del sistema productivo que nace del suelo y éste se encuentra atrapado en un carrusel de uso de fitosanitarios, fertilizantes químicos y, por lo tanto, a una dependencia de los combustibles fósiles que hacen que los costes de producción sean insostenibles para la gran mayoría de las explotaciones agrícolas.

Por su parte, el exceso de carbono en la atmósfera provoca una subida muy rápida y continuada de las temperaturas a nivel mundial.

El suelo agrícola vivo puede contribuir a reducir el exceso de carbono atmosférico al convertirse en un gran almacén de carbono.

Por tanto, los sistemas productivos agrícolas deben de tender a una regeneración de los suelos degradados, manteniendo producciones sostenibles con la actividad empresarial.

Alternativas para frenar la degradación

El objetivo es reducir el uso de fitosanitarios y fertilizantes químicos, actualmente en el punto de mira de las autoridades comunitarias. En Almería, ya se ha conseguido reducir el número de intervenciones químicas en los cultivos de invernadero gracias al control biológico de plagas. Si echamos la vista atrás, en los últimos 20 años, el sistema ha evolucionado considerablemente. Desde soltar los insectos beneficiosos sobre el cultivo hasta el aumento de la biodiversidad, con el fin de conseguir un entorno favorable para la instalación de insectos útiles.

De esta forma, se ha conseguido un control biológico por conservación y un aumento de la biodiversidad en el entorno de cultivo que ha permitido mantener las producciones medias. Sin embargo, aún no se logra en su totalidad el control biológico de las plagas y las enfermedades de los cultivos, por lo que, en determinados casos, es necesario apoyar con productos fitosanitarios compatibles, menos agresivos, y otras medidas como: rotaciones de familias, etc.

También se puede reducir el uso indiscriminado de fertilizantes químicos. Es más, conocemos las unidades fertilizantes que son necesarias para las producciones que deseamos, y hay alternativas como fertilizantes orgánicos, abonos verdes, incorporación de restos vegetales y abonos orgánicos de naturaleza animal.

Como beneficio, facilitaremos el aumento de la biodiversidad microbiana del suelo y regeneración de éste y, a su vez, minimizaremos la dependencia exterior del sistema. Y algo primordial: Los abonos orgánicos de diversa naturaleza pueden aportar suficientes nutrientes para alcanzar producciones viables para la sostenibilidad de la empresa.

En resumen, hay alternativas para dejar de depender de insumos químicos externos a la explotación agrícola.

La reducción del uso de fitosanitarios y fertilizantes químicos es posible. Se trata de alternativas mucho más económicas, que mejoran la salud del suelo agrícola, optimizan la biodiversidad y todo ello contribuye a evitar plagas y enfermedades y a reducir la cantidad de carbono de la atmósfera.

Nos encontramos en una época de transformación y esto siempre precisa de un mayor esfuerzo. El sector lo conseguirá, al igual que ha soportado otro tipo de cambios complicados en otros tiempos y otras circunstancias. Es el momento de evolucionar hacia una agricultura más racional y menos agresiva con nosotros mismos.

Juan Antonio Sánchez

Director Técnico de Proyecta Ingenio.

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