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El nuevo pasaporte para competir

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La sostenibilidad ya no es solo una cuestión de imagen corporativa. Para las empresas agroalimentarias de Almería se está convirtiendo en un factor decisivo para mantener clientes, acceder a financiación y reforzar su competitividad en los mercados nacionales e internacionales.

Con este escenario de fondo, la ‘Guía práctica para la elaboración del Estado de Sostenibilidad en la pyme agroalimentaria‘, editada por Cajamar, ofrece una hoja de ruta práctica para que las pequeñas y medianas empresas del sector aprendan a medir y comunicar su desempeño ambiental, social y de gobernanza (ASG).

La publicación parte de una realidad evidente: aunque la mayoría de las pymes no están obligadas legalmente a elaborar un Estado de Sostenibilidad, las exigencias de supermercados, grandes comercializadoras, entidades financieras y cadenas de suministro hacen cada vez más necesario disponer de información fiable sobre cuestiones como el consumo de agua, la huella de carbono, la gestión de residuos o las condiciones laborales.

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En una provincia como Almería, donde la agricultura intensiva bajo invernadero lidera las exportaciones hortofrutícolas europeas, estos indicadores adquieren una importancia estratégica. La guía recuerda que las empresas agroalimentarias están sometidas a un creciente escrutinio social debido a su uso intensivo de recursos naturales, especialmente agua y energía, así como por su relevancia en ámbitos como la seguridad alimentaria, el empleo y el desarrollo rural.

Uno de los principales mensajes del documento es que la sostenibilidad no debe entenderse como un mero trámite burocrático. Al contrario, puede convertirse en una herramienta de gestión para identificar riesgos, mejorar la eficiencia y generar ventajas competitivas. Los autores destacan que las empresas que conozcan mejor sus consumos energéticos, sus emisiones o sus costes asociados al uso de recursos estarán en mejores condiciones para tomar decisiones y afrontar futuras exigencias regulatorias o comerciales.

Agua y energía

La guía propone comenzar por un ‘Módulo Básico’ que permita a cualquier pyme recopilar información sobre aspectos clave. Entre ellos figuran el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación, la biodiversidad, el uso del agua, la economía circular y la gestión de residuos.

También incorpora indicadores sociales relacionados con el empleo, la salud laboral, la formación o la igualdad, así como cuestiones vinculadas a la ética empresarial y la prevención de la corrupción.

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Para el sector almeriense cobran especial relevancia los apartados dedicados al agua y al cambio climático. La publicación subraya que las empresas deben conocer con precisión cuánto agua extraen, cuánto consumen realmente y si desarrollan su actividad en zonas con estrés hídrico. También aconseja medir las emisiones derivadas del consumo energético y plantear objetivos de reducción que permitan avanzar hacia una actividad más eficiente y resiliente frente al cambio climático.

Otro aspecto destacado es el análisis de la denominada «doble materialidad». La metodología propone identificar, por un lado, cómo afectan las actividades de la empresa al medioambiente y a la sociedad y, por otro, cómo los riesgos ambientales o sociales pueden repercutir en la rentabilidad y viabilidad del negocio. En una agricultura tan dependiente de factores climáticos como la almeriense, cuestiones como la disponibilidad de agua, el incremento de temperaturas o el coste energético aparecen como elementos prioritarios de análisis.

Más clientes y financiación

Además, la guía concluye que anticiparse a estas demandas puede reportar beneficios tangibles. Entre ellos cita un mejor acceso a la financiación sostenible, una relación más sólida con clientes y proveedores, una mayor capacidad para atraer inversiones y una mejora de la reputación empresarial. Según el análisis recogido en la publicación, los costes iniciales de implantar este tipo de sistemas se compensan progresivamente gracias a las ventajas competitivas y a la mejora de la gestión interna.

Para las pymes agroalimentarias de Almería, acostumbradas a competir en mercados cada vez más exigentes, el mensaje es claro: la sostenibilidad ha pasado de ser un valor añadido a convertirse en una herramienta imprescindible para seguir creciendo y consolidando su posición en la cadena alimentaria europea.

Redaccion AenVerde

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