En 1995, el agrónomo Knútur Rafn y la horticultora Helena Hermundardóttir compraron la finca Friðheimar, en Islandia, que contaba con dos invernaderos y una casa grande deshabitada. Ese fue el germen del actual complejo agroturístico de más de 5.000 metros cuadrados en el que combinan la horticultura, los caballos y un restaurante dentro de uno de los invernaderos con recetas de su materia prima principal: el tomate.
En Islandia hace frío, mucho frío, pero también cuentan con una fuente de energía natural como es la geotérmica, que les permite el agua caliente para calentar los invernaderos. El pozo está situado a 200 m de los invernaderos y el agua fluye hacia ellos a unos 95 ° C .
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«Una experiencia increíble: comer directamente en el invernadero. La comida a base de tomates es excelente y la ubicación es inmejorable. Los propietarios te explican cada detalle y lo disfrutas aún más», es uno de los comentarios de un viajero en la conocida guía Tripadvisor.
Del total del complejo agroturístico, unos 4.200 m² se utilizan para el cultivo. El vivero de plantas tiene una superficie de 300m², cuenta con una zona para visitantes de 300m² y otros 200m² se utilizan para embalaje de los productos hortícolas.
Cada invernadero está equipado con un sistema informático de control climático para temperatura, humedad, dióxido de carbono e iluminación, además de la automatización del riego.
Visitas y restaurante
En su página web informan que las visitas a los invernaderos están disponibles durante todo el año para grupos con reserva previa. Los visitantes obtienen una visión de los procesos de la horticultura con una charla breve e informativa sobre el tema, y de cómo es posible cultivar hortalizas en este clima frío, creando las condiciones cálidas de otras zonas como el Mediterráneo a través del largo y oscuro invierno.
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