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Un equipo de científicos chinos ha desarrollado un bioplástico revolucionario a partir de bambú, que combina alta resistencia, flexibilidad y total biodegradabilidad. Este material, llamado plástico BM, no solo rivaliza con los plásticos convencionales en rendimiento, sino que también se degrada de manera natural en apenas 50 días.
El bambú es una de las plantas más sostenibles del planeta: puede crecer hasta un metro por día y produce cinco veces más biomasa que la madera, convirtiéndose en una fuente renovable ideal. Hasta ahora, los plásticos derivados de bambú eran mezclas de fibras y resinas sintéticas: resistentes, pero no completamente biodegradables.
El nuevo método desarrollado por investigadores de la Universidad de Tecnología Química de Shenyang, China, consiste en tratar la celulosa de bambú con un disolvente eutéctico profundo (mezcla de cloruro de zinc y ácido fórmico) que rompe los enlaces de hidrógeno. Luego, al añadir etanol, las moléculas se reorganizan, formando una red densa y estable que da origen al plástico BM.
El plástico BM destaca por su rendimiento mecánico y térmico: Resistencia térmica superior a 180 °C; Degradación total en suelo natural en 50 días; Resistencia a la tracción de 110 MPa, el doble que PLA o poliestireno de alto impacto; Módulo de flexión de 6,4 GPa, lo que lo hace rígido y estable; Reciclable: conserva el 90 % de su resistencia tras ser reprocesado.
Además, soporta condiciones extremas: calor de 100 °C durante una semana, congelación a -30 °C y 70 % de humedad por un mes.
Económico y competitivo
Producir este bioplástico cuesta alrededor de 2.300 dólares por tonelada, similar al precio de plásticos tradicionales. La eficiencia del proceso aumenta gracias a la reutilización de disolventes y etanol, y el uso de bambú evita la competencia con cultivos alimentarios, un problema frecuente en bioplásticos basados en maíz o almidón.
Aunque la tecnología es prometedora, escalarla a nivel industrial aún presenta desafíos. Será necesario invertir en infraestructura, asegurar cadenas de suministro sostenibles de bambú y realizar pruebas prolongadas fuera del laboratorio para confirmar su desempeño en aplicaciones reales.
FUENTE: Revista AP



