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Las Jornadas «Hablemos de… Hoja», organizadas por Acolor y la revista Aenverde, reunieron a cerca de un centenar de profesionales del Levante almeriense y Murcia para abordar uno de los problemas más graves que acecha a los cultivos de lechuga: el pulgón.
La jornada dejó claro que no hay una solución única y que el futuro pasa por combinar todas las herramientas disponibles.
Investigadores, técnicos de campo, empresas de insumos y representantes del sector coincidieron en un diagnóstico común: la lucha contra el pulgón exige un enfoque global, basado en la integración de todas las herramientas disponibles, desde el manejo del ecosistema hasta las soluciones fitosanitarias aún autorizadas, en un contexto marcado por la creciente restricción normativa.
El cultivo de lechuga se enfrenta a diversas especies de pulgón capaces de desarrollar ciclos muy rápidos en condiciones favorables, tal y como destacó Juan Antonio Sáchez, responsable de la Comisión de Técnicos Coexphal.
En concreto, Nasonovia ribisnigri puede completar su ciclo en apenas 15-24 días a temperaturas óptimas de 20-24 ºC, lo que explica la dificultad de su control en campo.
Este comportamiento, unido a la simplificación de los sistemas productivos en monocultivo, favorece que las poblaciones de pulgón alcancen niveles de daño antes de que los enemigos naturales sean capaces de actuar con eficacia.
Cambio de paradigma
Uno de los ejes centrales de la jornada fue el cambio de paradigma en la protección de cultivos. El modelo tradicional, basado en la intervención fitosanitaria, está dando paso a un enfoque más complejo que busca aprovechar las relaciones ecológicas del agroecosistema, expuso Francisco Torró, director técnico de Surinver.
El manejo integrado de plagas (MIP) se posiciona como base de este nuevo modelo, combinando métodos físicos, biológicos y culturales, junto con el uso de insecticidas compatibles.
En este contexto, los ponentes insistieron en la necesidad de abandonar la denominada “rutina de los plaguicidas”, para evolucionar hacia estrategias que no persigan la erradicación total de la plaga, sino su mantenimiento en niveles económicamente aceptables, apoyándose en las cadenas tróficas y en el equilibrio natural.
El control biológico avanza despacio en los cultivos de hoja. No alcanza aún el 10% de la superficie cultivada, según expuso Manuel Gómez, director técnico de Bioline Iberia para el Sur de Europa.

Entre sus soluciones presentadas destacaron enemigos naturales como crisopas, sírfidos o parasitoides del género Aphidius, así como la incorporación de nuevas tecnologías de suelta, incluyendo sistemas mecanizados y drones.
Sin embargo, los técnicos también subrayaron que el éxito del control biológico no depende únicamente de la liberación de auxiliares, sino de una preparación previa de la parcela: implantación de setos, reservorios vegetales como Lobularia maritima o cereal, y una adecuada coordinación técnica y seguimiento continuo del cultivo.
Biodiversidad funcional
El papel de la biodiversidad estuvo presente. El estudio presentado por el investigador del IMIDA, Michelangelo La Spina, demuestra que la implantación de setos vegetales —tanto aromáticos como herbáceos— incrementa la presencia de enemigos naturales, aunque también puede favorecer determinadas plagas en función de la composición vegetal.
Según sus conclusiones, los márgenes con plantas aromáticas tienden a albergar menos plagas que los herbáceos, ambos tipos aumentan la presencia de auxiliares, y el efecto final depende en gran medida del contexto paisajístico.
De hecho, se insistió en que el manejo de la biodiversidad debe entenderse a escala de paisaje, y no solo de parcela, para inclinar la balanza hacia los efectos positivos.
Fitosanitarios
Por su parte, el director ténico de Proexport, Aberlardo Hernández, explicó el duro escenario regulatorio al que se enfrenta el sector. Entre 2019 y 2024 se han perdido 76 materias activas sin nuevas incorporaciones, en un proceso que limita cada vez más las herramientas disponibles.
Las autorizaciones excepcionales —reguladas por el Reglamento 1107/2009— siguen siendo un recurso clave, aunque cada vez más restringido. En el caso del pulgón, sustancias como sulfoxaflor o ciantraniliprol han logrado autorizaciones puntuales, mientras que otras como spirotetramat han sido denegadas en España. Una situación que genera una creciente preocupación en el sector, que reclama mayor flexibilidad para afrontar situaciones de emergencia.
Unidad del sector
Más allá de las soluciones concretas, uno de los mensajes más repetidos durante la jornada fue la necesidad de actuar de forma conjunta. Productores, técnicos, industria fitosanitaria con representantes de FMC, Corteva, Bayer o Rovensa Next e investigación coincidieron en que la estrategia debe integrar todas las herramientas posibles —biológicas, culturales, tecnológicas y químicas compatibles— para garantizar la viabilidad del cultivo.

La apuesta es clara: avanzar hacia un modelo productivo sostenible que permita mantener la calidad y la seguridad alimentaria que caracterizan a las producciones hortícolas de la zona.
En palabras del propio sector, se trata de “luchar con todo lo que sea compatible”, combinando conocimiento agronómico, innovación y colaboración, para hacer frente a un desafío que ya es estructural.
Ilustración principal: Julián Echeverry.



