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El Parlamento Europeo rechazó el pasado martes el «artículo 27 bis» de la revisión del Mecanismo de ajuste en frontera por las emisiones de carbono (MAFC o CBAM, por sus siglas en inglés).
Con esto, dicha institución pone punto final a la única vía de establecer una salvaguardia temporal que podría haber protegido a los agricultores y ganaderos del impacto de los precios astronómicos de los fertilizantes en tiempos de crisis.
En un momento en el que los precios de los fertilizantes siguen siendo elevados y las tensiones geopolíticas ejercen presión adicional sobre los mercados de la energía y los fertilizantes, esta decisión resulta lisa y llanamente incomprensible, según han mostrado desde COPA-COGECA.
Los productores agropecuarios europeos ya se enfrentan a una situación económica sumamente difícil, con el aumento de los costes de los insumos, las pérdidas relacionadas con las condiciones meteorológicas y la creciente incertidumbre en los mercados internacionales.
Necesitan no solo respuestas por parte de las instituciones de la UE, sino también una señal positiva ahora que se adentran en la próxima campaña de producción.
Los precios de los fertilizantes en Europa se mantienen muy por encima de las respectivas medias históricas, mientras que las tensiones en torno al estrecho de Ormuz siguen aumentando la incertidumbre.
En este contexto, la supresión del artículo 27 bis, que a priori había propuesto la Comisión como medida correctiva, deja a los agricultores totalmente expuestos a los costes adicionales generados por el MAFC, incluso en circunstancias excepcionales en las que los precios de los fertilizantes ya se están disparando.
Asimismo, resulta más alarmante aún si se tiene en cuenta que los fertilizantes siguen figurando entre los mayores costes de los insumos de la agricultura europea y que, para muchos agricultores dedicados a los cultivos herbáceos, representan el mayor gasto de producción. Sin la posibilidad de suspender el mecanismo durante perturbaciones graves del mercado, el MAFC no hará sino agravar las crisis en lugar de amortiguar su impacto.
Socavar la capacidad productiva europea
Al respaldar un enfoque impulsado por la industria sin ofrecer una protección significativa a los productores agroganaderos, lo que hace esta decisión no es sino socavar la capacidad productiva de Europa y dejar a los agricultores cada vez más expuestos en un mercado que dista mucho de ser transparente.
En última instancia, las consecuencias no se limitarán a las explotaciones agropecuarias: el aumento de los costes de producción se repercutirá a los precios de los alimentos y, en última instancia, a los consumidores. En un momento en el que el coste de la vida constituye ya una de las principales preocupaciones para los ciudadanos de la Unión Europea, la votación de hoy hace claramente la vista gorda a esta realidad.
Otras soluciones
La desazón entorno a la citada decisión resulta aún mayor si se contempla que existen soluciones más equilibradas que podrían haberse escogido. Habría sido perfectamente posible mantener los objetivos de fomentar la descarbonización y la competitividad de la industria europea de fertilizantes, al tiempo que se implanta una medida de protección específica y temporal frente a la crisis para los agricultores. Con un enfoque tal se habría consolidado la resiliencia de toda la cadena agroalimentaria sin socavar los objetivos a largo plazo del MAFC.
Permitir que la Comisión reasigne los ingresos del MAFC para apoyar a los agricultores y ganaderos en tiempos de crisis no sería más que un parche. Lo mismo ocurre con la propuesta de incluir los cereales destinados a la exportación en el Fondo Temporal de Descarbonización, que solo beneficiaría a los cereales destinados a la exportación, dejando a la mayor parte del mercado interior de cultivos de la UE sin apoyo para compensar los efectos del MAFC. Por otra parte, está previsto que el fondo tenga una duración de solo dos años, mientras que el MAFC es un mecanismo permanente cuyos costes se prevé que aumenten progresivamente hasta 2034.
Con la posición adoptada por el Parlamento, y una posición del Consejo que ofrece poco más, los agricultores tienen muy pocos motivos para esperar una solución significativa de las próximas negociaciones del diálogo tripartito.
No obstante, desde COPA-COGECA instan a los eurodiputados y a los Estados miembros a que aprovechen las próximas negociaciones, así como la revisión del marco del RCDE, para abordar este problema estructural. No se puede seguir tratando a los agricultores y ganaderos y a las cooperativas agrarias europeas como amortiguador de determinadas políticas europeas.



