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Comienza 2025 con una campaña hortofrutícola en marcha y, en el horizonte, varios retos. De ellos, destacamos cinco que afectan a todos, desde la producción, pasando por la comercialización, hasta la administración a todos los niveles.
1 – Agua
Elemento esencial para la producción hortofrutícola, con gran eficiencia de su uso. Y aún se puede ir a más. Por eso hay que asegurar su disponibilidad y legalidad a precios asequibles. Finalizando 2024, en una jornada sobre la DANA, organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, además de las soluciones hidráulicas que podrían evitar parte de los desastres de fenómenos meteorológicos, hubo una rotunda exigencia a todas las fuerzas políticas e instituciones: un Pacto de Estado sobre el agua “urgente e inaplazable”.
Días antes, el consejero de Agricultura de Andalucía, Ramón Fernández-Pacheco, pedía a la nueva ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, que impulsase el gran Pacto Nacional por el Agua para “compatibilizar la sostenibilidad ambiental con el desarrollo socioeconómico que nuestros territorios necesitan”, haciendo un llamamiento a la solidaridad entre los mismos.
A esa medida macro, se están sumando infraestructuras de regeneración y desalación. El Gobierno andaluz ha aprobado cuatro decretos de sequía con actuaciones superiores a los 500 millones de euros en obras hidráulicas. Se ha incrementado el volumen de agua regenerada de 17 a 70 hm3 y el objetivo para 2027 es ampliar a 180hm3.
A ello hay que sumar el trabajo constante e innovador en eficiencia hídrica aplicado por los agricultores desde los inicios de los cultivos de invernadero. Muchos de ellos hoy con una monitorización del riego con sensores, apoyados en la Inteligencia Artificial y algoritmos para conseguir un riego a la demanda exacta del cultivo en cada momento.
2 – Tecnología y digitalización
Por eso, para el gerente de COEXPHAL, Luis Miguel Fernández, un segundo reto pasa por acelerar la digitalización y sensorización de las explotaciones, desde los invernaderos a los almacenes de comercialización, algunos de los cuales, ha iniciado procesos de automatización y robotización para obtener mayor eficiencia y rentabilidad.
Y apostar por la robotización. No veremos en 2025 en los invernaderos de Almería un robot recolector, pero sí se ven ya en algunos almacenes hortofrutícolas, distribuyendo género o empaquetando.
También se van extendiendo sistemas de climatización automatizada que monitorizan temperatura, humedad o niveles de Co2, y sistemas de fertirriego que aplican agua y nutrientes a demanda de la planta y algoritmos predictivos.
O el uso del blockchain para mejorar la trazabilidad o incluso facilitar la verificación de estándares de calidad o seguridad para simplificar los procesos de certificación.
3 – Normalización y burocratización
Aunque para implementar estas innovaciones existen ayudas públicas (kit digital, programas y proyectos tutelados desde la UE, etc.), las mismas administraciones burocratizan la actividad con un exceso de normas y leyes, muchas de ellas de carácter ambiental, que impiden avanzar hacia la sostenibilidad que las mismas administraciones requieren.
El recién aprobado Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR, en inglés) es una de ellas. Para el gerente de COEXPHAL, Luis Miguel Fernández, “la normativa va en contra de objetivos como el desperdicio alimentario, la promoción del consumo de frutas y hortalizas o la seguridad alimentaria y la sostenibilidad” como es prohibir los envases de plástico de un solo uso para frutas y hortalizas frescas de menos de 1,5 kg a partir de 2030, o el empleo de pegatinas no compostables.
Otra. La ya aprobada Ley de la Protección de la Naturaleza y su pretensión de restaurar al menos el 20% de las áreas terrestres y marinas de la UE para 2030, pero a costa de tierras cultivables que paradójicamente puede poner en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria que pretende proteger la propia administración europea.
O el Reglamento sobre Uso Sostenible de productos Fitosanitarios (SUR) para reducir a la mitad el uso de pesticidas y de los fertilizantes en al menos el 20% al 2030 y destinar el 25% de las tierras agrícolas a agricultura ecológica. Según el informe de impacto realizado por la Universidad de Wageningen, esta norma conlleva una pérdida del 20% de la producción vegetal y ornamental.
Un tsunami normativo que afecta a otras partes de la cadena, como la distribución.
El año pasado desde la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS) denunciaron que sólo en 2023 se aprobaron o modificaron 1.140 normas que afectaban al comercio.
4 – Comercialización y destinos
Otro de los retos, a juicio del catedrático de la UAL y codirector de la cátedra COEXPHAL- UAL, Juan Carlos Pérez Mesa, “es intentar asegurar el portafolios actual de productos y destinos, lo que podría ser un buen motivo para la concentración
empresarial”. Más aún cuando la competencia de los países terceros es cada vez mayor, ya que, campaña tras campaña, arañan más cuota de mercado y sin cumplir las exigencias que cumplen los productores y comercializadores europeos.
Hay que trabajar con la administración para conseguir avanzar más en mercados extracomunitarios y minoritarios, pero con alta rentabilidad como el estadounidense. O intentar abrir otros con demanda, pero sin autorización administrativa. Es el caso de Japón.
5 – Comunicación y marketing
Y finalmente, el quinto reto es la comunicación. El catedrático Pérez Mesa lo apunta: ante la inacción de los controles en frontera y la imagen exterior mejorable, “el sector debe convencerse de la necesidad de un gran plan de marketing que nos haga ser la primera elección del consumidor europeo”.
Programas como el de HORTIESPAÑA, esdeinvernadero.es, con el foco en España y Alemania, tienen ese objetivo, al igual que otros anteriores. Sin embargo, una sola acción es insuficiente, de ahí que sea necesario seguir participando en ferias como Fruit Attraction o Fruit Logisitca, tirar de comunicación directa con el consumidor, bien a través de redes sociales, con la colaboración de influencers, con campañas educativas, para que la sostenibilidad asumida desde hace años por el sector llegue al consumidor final. Todo suma para trasladar los grandes valores y buen hacer de la hortofruticultura almeriense, andaluza y española.
El reto por conseguir es que todas las asociaciones de FEPEX sean capaces de aportar económicamente para coordinar una gran campaña de consumo de frutas y hortalizas en Europa de forma constante y continuada.



