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Una vuelta al cole con más fruta, verdura y productos ecológicos

comedor escolar

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Desde este curso 2026-2027 entra plenamente en vigor el Real Decreto 315/2025, una norma que obliga a los centros educativos a ofrecer menús más saludables y sostenibles, con una mayor presencia de frutas y hortalizas frescas, productos de temporada y alimentos ecológicos.

La nueva regulación afecta a los centros públicos, concertados y privados que impartan educación infantil, primaria, secundaria, bachillerato y formación profesional básica o media, y tiene como objetivo mejorar la calidad nutricional de los menús escolares y contribuir a la prevención de problemas como la obesidad infantil.

Entre las principales novedades destaca el refuerzo del consumo de frutas y verduras.

La normativa establece frecuencias mínimas que garantizan una presencia mucho mayor de estos alimentos en los menús escolares, consolidándolos como uno de los pilares de la alimentación infantil.

Además, al menos el 45% de las frutas y hortalizas servidas deberán ser de temporada, una medida que busca fomentar hábitos alimentarios saludables y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental asociado al transporte de alimentos.

Productos ecológicos

Otro de los puntos relevantes es la apuesta por la producción ecológica. El real decreto exige que al menos el 5% del coste total de adquisición de alimentos corresponda a productos ecológicos o, alternativamente, que se sirvan al menos dos platos principales ecológicos al mes.

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La norma también impulsa la utilización de alimentos frescos, de proximidad y procedentes de canales cortos de comercialización.

La presencia de frutas y hortalizas salen especialmente reforzadas de esta nueva legislación. La oferta alimentaria de los centros deberá estar compuesta fundamentalmente por alimentos frescos como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva, mientras que se limita el protagonismo de productos más procesados y se promueven técnicas culinarias más saludables, como el horno, el vapor o la plancha frente a las frituras.

La importancia de estas medidas se entiende mejor al analizar la realidad nutricional de la infancia española. Según recoge el propio real decreto, el estudio ALADINO 2023 señala que el 15,9% de los niños de entre 6 y 9 años presenta obesidad y que el 36,1% sufre exceso de peso. La incidencia es especialmente elevada en los hogares con menores ingresos, donde la prevalencia puede alcanzar el 46,7%.

Para las administraciones, el comedor escolar representa una herramienta estratégica para revertir esta situación. No en vano, miles de alumnos realizan en el colegio una de las principales comidas del día, convirtiendo estos espacios en un escenario privilegiado para fomentar la dieta mediterránea y la adquisición de hábitos saludables desde edades tempranas.

Sin embargo, la entrada en vigor de la norma también plantea desafíos importantes. Un análisis publicado recientemente en The Conversation recuerda que transformar los requisitos legales en una realidad cotidiana exigirá recursos, organización y apoyo institucional. Según la investigadora Eva Parga Dans, del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC),  los centros educativos deberán gestionar aspectos tan diversos como la logística de suministro, el almacenamiento de productos frescos, la adaptación de dietas especiales o la supervisión de la calidad de los menús.

La experiencia de programas como los Ecocomedores de Canarias demuestra que incorporar productos ecológicos, locales y de temporada es posible, pero también pone de manifiesto algunas dificultades operativas relacionadas con el abastecimiento, la capacidad de almacenamiento o la puntualidad de las entregas.

A pesar de estos retos, la nueva normativa marca un cambio de rumbo en la alimentación escolar española. La combinación de más frutas y verduras, una mayor presencia de alimentos ecológicos, el impulso a los productos de temporada y la reducción de alimentos menos saludables persigue convertir los comedores escolares en un aliado clave para la salud infantil.

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Con millones de menús servidos cada año, la aplicación efectiva de estas medidas puede tener un impacto significativo tanto en los hábitos alimentarios de los escolares como en el apoyo a modelos de producción agrícola más sostenibles, donde las frutas y hortalizas frescas se sitúan en el centro de la dieta diaria

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