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La automatización es una de las principales prioridades de los responsables logísticos, según el informe Tendencias en Logística 2026/2027 de Toyota Material Handling.
La tecnología puede multiplicar el rendimiento de una operación bien resuelta, pero también amplifica las ineficiencias de la que no lo está. Actualmente, la productividad de un almacén no depende de una máquina ni de un software, sino de la relación entre espacio, flujo, producto, datos y personas.
En muchas operaciones la pérdida de productividad no empieza en la falta de tecnología, sino antes. En cómo se repartió el espacio, en el recorrido que hace cada referencia desde que entra hasta que sale y en los datos que hay disponibles para decidir. Por ello, Toyota Material Handling España analiza los errores más frecuentes que hay que tener en cuenta antes de iniciar cualquier proceso de automatización.
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Diseñar sobre el espacio disponible y no sobre el flujo
Muchos proyectos empiezan por la nave, centrándose en los metros disponibles y en cómo llenarlos. Sin embargo, la capacidad de una instalación no depende únicamente de cuánto espacio se ocupa, sino de cómo circulan los materiales y las personas dentro de ella. Porque los flujos de materiales deben estar alineados con el diseño de la instalación.
Un mismo almacén puede albergar varios flujos a la vez: entradas procedentes de distintos proveedores, movimientos entre zonas de almacenamiento, reposiciones, preparación de pedidos, expediciones o devoluciones. Cuando esas relaciones no se estudian aparecen interferencias entre recorridos, desplazamientos redundantes o puntos de congestión.
«Cuando analizamos una instalación, lo primero es entender los recorridos y escuchar a quien los hace cada día. Ahí suele estar la explicación de buena parte de los problemas que se atribuyen a la falta de tecnología», explica David García Amandi, Automation Sales Manager en Toyota Material Handling España.
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Mantener una distribución pensada para una demanda que ya ha cambiado
La ubicación de las referencias suele definirse durante el diseño inicial del almacén. Sin embargo, la demanda no permanece estática. La estacionalidad, los cambios en el catálogo, la evolución del comercio electrónico o el crecimiento de determinados canales pueden modificar de forma significativa el perfil de pedidos. Una referencia que ocupaba una ubicación secundaria puede convertirse en uno de los artículos con mayor frecuencia de picking, mientras que otros productos pueden perder rotación.
La distribución del almacén y la demanda deben evolucionar de la mano. El resultado es una instalación optimizada para una operación que ya no existe. La elección entre ubicaciones fijas o dinámicas responde a la misma lógica. Una ubicación fija puede simplificar la gestión, pero consume capacidad cuando la ocupación de una referencia varía. Una ubicación dinámica permite aprovechar mejor el espacio, pero requiere sistemas y procesos capaces de garantizar la trazabilidad del inventario. No existe una única configuración válida. La distribución debe responder al comportamiento real de la demanda y revisarse cuando ese comportamiento cambia.
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Automatizar un proceso que todavía no está resuelto
La automatización puede aumentar la capacidad y reducir tareas repetitivas, pero necesita operar sobre procesos que hayan sido previamente analizados. Automatizar un proceso con recorridos innecesarios, variaciones no identificadas o una secuencia de tareas mal definida no elimina esos problemas. Los incorpora al sistema automatizado y añade una inversión que puede dificultar posteriormente su modificación.
La pregunta pertinente, por tanto, no es cuál de las dos tecnologías resulta más avanzada, sino cuánta variabilidad admite el proceso que se quiere automatizar. Antes de automatizar, tecnologías como la simulación o los gemelos digitales permiten probar diferentes configuraciones y analizar cómo se comportará una operación ante distintos escenarios, como picos de demanda, cambios de volumen o modificaciones en la distribución.
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Decidir sin datos y con sistemas aislados
Sin datos en tiempo real sobre inventario, equipos y procesos es imposible saber dónde se pierde la productividad, y las mejoras acaban aplicándose donde se percibe el síntoma y no donde está la causa. La transformación digital no se limita a la automatización, ya que abarca la decisión basada en datos y, sobre todo, la integración entre sistemas, vinculando los algoritmos con la gestión de almacén, la robótica y la gestión de flotas, que deben intercambiar información para coordinar la operación.
Sin esa integración, cada sistema optimiza su parcela y el conjunto no mejora. La calidad de las decisiones dependerá de la calidad de los datos disponibles. Por lo que los paneles que unifican productividad, precisión de inventario y eficiencia son, antes que herramientas de control, instrumentos de diagnóstico.
«Antes de preguntarse qué tecnología necesita una operación conviene responder a otras dos preguntas, cuál es el problema que se quiere resolver y con qué dato se ha medido. Sin esa conversación previa, un proyecto puede funcionar técnicamente y no mejorar la productividad de la planta», señala David García Amandi.
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Incorporar tecnología sin rediseñar las funciones y competencias del equipo
Un almacén más automatizado no necesita menos personas, sino personas con funciones y conocimientos distintos. Cuando se invierte en automatización sin acompañarla de formación, el rendimiento previsto puede verse entorpecido. La formación continua de los equipos no es un aspecto complementario a la eficiencia es una condición para conseguirla. Un operario bien formado es capaz de aprovechar mejor las capacidades de cualquier equipo o sistema, supervisar y gestionar incidencias y realizar tareas que requieren capacidad de decisión.
Las respuestas que se consolidan en el sector son concretas y pasan por itinerarios profesionales definidos, programas internos de certificación, recapacitación hacia perfiles técnicos (operadores que configuran los AGV, especialistas en sistemas de control, coordinadores de gestión energética) y formación en entornos simulados antes de trabajar sobre los sistemas de producción. Las compañías que invierten en el desarrollo de su personal observan mayor retención, mejor eficiencia y una adopción más directa de los sistemas de última generación.
A esto se suma un factor que suele pasar desapercibido, como es la ergonomía en el almacén y en la manipulación de cargas. Los puestos de trabajo mal diseñados generan fatiga, ralentizan los procesos y aumentan el riesgo de incidentes. Cuidar el factor humano no es solo una cuestión de bienestar laboral, sino también de rendimiento operativo.
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Optimizar una parte de la operación sin analizar el conjunto de la cadena logística
Por último, un error habitual es tratar el almacén como un compartimento estanco, desconectado del resto de la cadena logística. Las decisiones que se toman dentro de la nave afectan al transporte, a la producción y al servicio al cliente, y viceversa. Optimizar una parte del proceso sin considerar el conjunto puede generar mejoras locales que, en realidad, trasladan el problema a otro punto de la cadena. El diseño debe contemplar todos los flujos, desde el almacenamiento y la recogida hasta las zonas intermedias y la logística inversa.
Las devoluciones son el ejemplo más claro, ya que el comercio electrónico las ha convertido en un proceso de volumen que no admite tratarse como un circuito aparte. Si se gestionan como un circuito separado, pueden generar nuevas congestiones, errores de inventario y dificultades para recuperar rápidamente los productos.
La automatización debe analizar, por tanto, las relaciones entre procesos y no únicamente el rendimiento de una tecnología o una zona concreta. El objetivo no es conseguir que un sistema individual alcance su máxima productividad, sino mejorar el rendimiento del conjunto.
