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Las altas temperaturas registradas en buena parte de las principales zonas productoras del mundo, junto con las tensiones geopolíticas en la región del Mar Negro y el encarecimiento de la energía, siguen condicionando la evolución de los mercados agrícolas internacionales. Así lo refleja el último índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que en julio de 2026 aumentó un 0,6% respecto al mes anterior.
Aunque el índice general se situó en 131,1 puntos, todavía un 18,2% por debajo del máximo alcanzado en marzo de 2022, la FAO advierte de que el comportamiento de algunos mercados agrícolas vuelve a estar marcado por la incertidumbre climática y la evolución de los flujos comerciales internacionales.
El mayor incremento correspondió a los cereales, cuyo índice aumentó un 3,4% en julio. El precio internacional del trigo se disparó un 5,8% debido a la preocupación por las interrupciones de las exportaciones desde el Mar Negro y a los daños provocados por las olas de calor en varias de las principales regiones productoras. El maíz también registró un alza del 3,6%, impulsado por el tiempo seco y cálido en zonas productoras de Estados Unidos y por la subida de los precios de la energía.
Se trata de factores que el sector hortofrutícola sigue con atención, ya que las condiciones meteorológicas extremas y el incremento de los costes energéticos repercuten sobre toda la cadena agroalimentaria, desde la producción hasta el transporte y la comercialización.
Los aceites vegetales también continuaron su tendencia alcista y alcanzaron su nivel más elevado desde junio de 2022, con un incremento mensual del 2 %. La subida estuvo impulsada por la fuerte demanda de aceite de palma para biodiésel en Indonesia, el aumento del precio del petróleo y el dinamismo del mercado internacional del aceite de soja.
Por su parte, el azúcar aumentó un 5,6% respecto a junio, debido a la preocupación por los efectos del tiempo seco y cálido sobre las cosechas europeas y por la influencia del fenómeno de El Niño en los principales países productores de Asia. A ello se suman las expectativas de una mayor demanda de etanol en Brasil, que podría reducir la disponibilidad de caña destinada a la producción de azúcar.
En contraste, los precios internacionales de la carne descendieron un 2,8 % y los de los productos lácteos un 0,7 %, compensando parcialmente el encarecimiento registrado en los mercados agrícolas.
La FAO considera que la evolución de los próximos meses seguirá muy condicionada por la meteorología, especialmente por los episodios de calor extremo que afectan a las cosechas, así como por la situación geopolítica y los costes de la energía, factores que continúan generando incertidumbre en los mercados internacionales de alimentos.
