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Biofertilizantes: Para un uso más eficiente del nitrógeno

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El nitrógeno es uno de los nutrientes más importantes para el crecimiento de los cultivos. Después del agua, es probablemente uno de los factores que más condiciona la productividad vegetal. Sin embargo, su manejo sigue siendo un gran reto de la agricultura actual: no se trata solo de aportar nitrógeno, sino de aplicarlo en la forma, dosis y momento adecuados para que la planta pueda aprovecharlo de la manera más eficiente posible.

El reto: aprovechar más y perder menos

Durante décadas, los fertilizantes nitrogenados sintéticos han permitido aumentar la producción agraria y garantizar el suministro de alimentos. No obstante, su uso también tiene costes importantes. Una parte del nitrógeno aplicado puede perderse en forma de nitrato, con riesgo de contaminación de aguas subterráneas, o emitirse como óxido nitroso, un potente gas de efecto invernadero. A ello se suma el elevado consumo energético asociado a la fabricación de fertilizantes nitrogenados, muy ligado al precio del gas natural y a la volatilidad de los mercados internacionales.

La eficiencia en el uso del nitrógeno, conocida como NUE por sus siglas en inglés, mide la relación entre el nitrógeno que absorbe la planta y el que se aplica al cultivo. En muchos sistemas agrícolas esta eficiencia sigue siendo mejorable, lo que significa que una parte del fertilizante aplicado no llega a transformarse en producción. Por este motivo, mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno se ha convertido en una prioridad para avanzar hacia una agricultura más sostenible, rentable y competitiva.

Biofertilizantes y bioestimulantes: aliados de la planta

En la horticultura intensiva, donde la fertirrigación permite ajustar con precisión el aporte de agua y nutrientes, existe una gran oportunidad para optimizar las dosis, reducir pérdidas y mantener la productividad y la calidad de las cosechas. En este contexto, los bioestimulantes y los biofertilizantes microbianos están ganando protagonismo como herramientas complementarias dentro de una estrategia de nutrición más eficiente.

Estos productos no deben entenderse como una solución milagrosa ni como un sustituto automático de la fertilización convencional. Su interés reside en que pueden actuar como un apoyo biológico al manejo nutricional, mejorando el funcionamiento de la rizosfera, favoreciendo la disponibilidad de nutrientes y ayudando a que la planta aproveche mejor el nitrógeno aplicado.

 

 

 

 

 

 

Una revisión científica que hemos publicado junto con otros autores recientemente en la revista Nitrogen, destaca precisamente el papel de diferentes prácticas agrícolas, bioestimulantes y microorganismos beneficiosos en la mejora de la eficiencia nitrogenada. Estas soluciones pueden actuar por distintas vías: estimulando el crecimiento radicular, favoreciendo la absorción de nutrientes, participando en procesos de fijación biológica del nitrógeno, movilizando nutrientes en el entorno de la raíz o ayudando a la planta a tolerar mejor situaciones de estrés.

La clave está en entender que la eficiencia del nitrógeno no depende únicamente de que haya más nutriente disponible. También depende de que la planta cuente con un sistema radicular activo, una microbiota equilibrada y unas condiciones adecuadas para absorber, asimilar y transformar ese nitrógeno en producción. Algunos biofertilizantes actúan directamente sobre la planta; otros lo hacen modificando la actividad microbiana del suelo o del sustrato, o favoreciendo procesos que pueden contribuir a reducir pérdidas asociadas a la nitrificación o la desnitrificación.

Ahora bien, para que estas soluciones funcionen en campo es imprescindible utilizarlas con criterio técnico. Su eficacia depende de muchos factores: la calidad de la formulación, la estabilidad del producto, el tipo de suelo o sustrato, el cultivo, el manejo del riego, el programa de fertilización y la compatibilidad con otros insumos. Por eso, su aplicación debe formar parte de una estrategia bien planificada, y no de una actuación aislada.

Para la horticultura bajo invernadero, los biofertilizantes representan una oportunidad dentro de un modelo más amplio de nutrición sostenible. Su uso debe integrarse con una adecuada planificación de la fertirrigación, el seguimiento del estado nutricional de la planta y el control de la solución del suelo, del sustrato o del drenaje. Solo así podrán contribuir realmente a reducir pérdidas, optimizar dosis y mantener la rentabilidad del cultivo.

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El reto, por tanto, no es fertilizar menos sin criterio, sino mejor. Los biofertilizantes permiten avanzar hacia sistemas más eficientes en el uso del nitrógeno, con menor dependencia de insumos externos, mayor equilibrio biológico y una producción hortofrutícola más sostenible. Trabajar con la biología del suelo y de la raíz puede convertirse en una ventaja estratégica para el sector.

Referencia: Herrero, J.; Ramírez-Santos, A.; Díaz-Santos, E.; Torres-Cortés, G. Biofertilizers for Enhanced Nitrogen
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