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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el informe «Anticipating and monitoring water risks for agriculture» , advierte que la agricultura mundial enfrenta riesgos hídricos crecientes —exceso de agua, escasez, mala calidad del agua y una alteración sistémica del ciclo hidrológico— y reclama a los gobiernos reforzar los sistemas de anticipación y monitoreo para proteger la producción de alimentos y los recursos de agua dulce.
El estudio identifica cuatro grandes categorías de riesgo para el sector agrícola:
- Exceso de agua: Las inundaciones afectan cada año a más de 17 millones de km² de tierra en el mundo, y cerca del 10% de la superficie agrícola sufre problemas de drenaje.
- Escasez de agua: Alrededor del 11% de las tierras de cultivo de secano y el 14% de los pastizales enfrentan sequías frecuentes, mientras que más del 60% de las tierras irrigadas está sometido a alto estrés hídrico.
- Mala calidad del agua: La salinidad, los nitratos, los plaguicidas y otros contaminantes reducen rendimientos, degradan suelos y amenazan la salud del ganado y de las personas.
- Riesgos sistémicos: La degradación de los ecosistemas de agua dulce y un ciclo hidrológico cada vez más inestable —con lluvias más erráticas y extremas— ponen en duda si los sistemas agrícolas actuales podrán seguir contando con patrones climáticos estables.
El informe subraya además el fenómeno del «riesgo hídrico importado»: los países también quedan expuestos a crisis de agua que ocurren fuera de sus fronteras a través de sus importaciones agroalimentarias. Un ejemplo citado es el de los precios del café y el cacao, que se dispararon en 2023-2024 tras sequías en Brasil y una ola de calor en Ghana y Costa de Marfil.
Herramientas en rápida evolución, pero con brechas
La OCDE presenta una tipología de herramientas —desde sistemas de alerta temprana y pronósticos estacionales hasta gemelos digitales y modelos climáticos de largo plazo— que ayudan a distintos actores (gobiernos, agricultores, aseguradoras, empresas agroalimentarias) a anticipar y monitorear estos riesgos. La teledetección satelital, el internet de las cosas y la inteligencia artificial están transformando la capacidad de vigilar los recursos hídricos casi en tiempo real.
Sin embargo, el informe señala varias brechas persistentes:
- Es difícil traducir el monitoreo de peligros en evaluaciones reales del impacto agrícola, porque requiere integrar datos hidrológicos, agronómicos y socioeconómicos que suelen estar fragmentados.
- Dimensiones clave como la salud de los ecosistemas de agua dulce, el agotamiento de acuíferos y la humedad reciclada por la vegetación («agua verde») siguen siendo difíciles de medir.
- Existe un desajuste entre la escala de los datos disponibles y la escala en la que se toman las decisiones: los agricultores necesitan información a nivel de parcela y por temporada, mientras que las autoridades públicas suelen requerir datos a escala de cuenca o nacional.
- La mayoría de las herramientas analizan los riesgos de forma aislada, aunque en la práctica suelen combinarse y encadenarse.
Recomendaciones para los gobiernos
La OCDE recomienda que los gobiernos actúen como garantes de un entorno de datos sólido y coherente, estableciendo estructuras claras de gobernanza y coordinación, y facilitando la transferencia de conocimiento y tecnología hacia el sector agrícola.
El informe insiste en que las herramientas de evaluación de riesgos aportan más valor cuando se aplican en decisiones de alto costo o irreversibles —como grandes inversiones en infraestructura— y que no existe un nivel de riesgo hídrico «aceptable» universal, por lo que se requieren enfoques flexibles y adaptados a cada contexto.
Asimismo, el estudio destaca que el comercio internacional puede ser tanto un canal de exposición a riesgos hídricos externos como un mecanismo para aliviarlos, al permitir a los países diversificar sus fuentes de abastecimiento y reducir la presión sobre sus propios recursos de agua.
