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El Reino Unido produce actualmente solo el 35% de las frutas y hortalizas que consume, una dependencia exterior que preocupa cada vez más tanto por motivos de seguridad alimentaria como por las sequías que se producen en los países proveedores.
Esta es una de las principales conclusiones recogidas en dos recientes informes de The Food Foundation, que reclaman una estrategia nacional de horticultura capaz de aumentar simultáneamente la producción y el consumo de frutas y verduras.
Los estudios destacan una paradoja evidente: mientras las autoridades sanitarias recomiendan consumir al menos cinco raciones diarias de frutas y hortalizas, y el propio modelo alimentario británico se acerca a siete raciones al día, solo un tercio de los adultos y apenas el 12% de los jóvenes entre 11 y 18 años alcanzan ese objetivo. Además, las compras de verduras han caído hasta niveles no vistos en décadas debido a la inflación y al aumento del coste de la vida.
Dependencia exterior y vulnerabilidad climática
La situación se agrava porque el Reino Unido importa el 80% de la fruta y el 47% de las hortalizas que consume. Según el informe Farming for 5-a-Day, alrededor del 18% de estos productos procede de países con una vulnerabilidad moderada o alta frente al cambio climático.
España figura como el principal proveedor, junto con Países Bajos, Colombia, Marruecos y Sudáfrica.
Los investigadores advierten de que los fenómenos meteorológicos extremos ya están afectando a las cadenas de suministro. Sequías, inundaciones y olas de calor registradas en la cuenca mediterránea, el norte de África y América Latina han provocado en los últimos años problemas de abastecimiento de tomates, pimientos y otros productos frescos en los supermercados británicos.
Oportunidad para la horticultura británica
Frente a esta situación, The Food Foundation considera que existe una gran oportunidad para impulsar la producción doméstica. El estudio estima que aumentar un 10% la autosuficiencia hortícola podría aportar aproximadamente 3.300 millones de libras a la economía británica, generar más de 20.000 empleos y mejorar la rentabilidad de las explotaciones agrarias.
Los datos muestran que muchos de los productos más consumidos podrían cultivarse en mayores volúmenes dentro del país. Aunque cultivos tropicales como los plátanos o los cítricos dependen necesariamente de las importaciones, otros como tomates, pepinos, cebollas, pimientos, setas, lechugas o judías verdes podrían incrementar significativamente su producción mediante inversiones en invernaderos, innovación y apoyo institucional.
Alimentación saludable y desigualdad social
Los informes también ponen el foco en las consecuencias sociales de la escasa ingesta de frutas y verduras. Los hogares con inseguridad alimentaria son los más afectados: el 60% afirma haber reducido sus compras de fruta y el 44% las de verduras. Para las familias con menos recursos, mantener una dieta que cumpla las cinco raciones diarias puede llegar a consumir más de la mitad de su presupuesto semanal destinado a la alimentación.
Según las estimaciones recogidas en la documentación, una dieta adecuada en frutas y hortalizas podría evitar hasta 31.000 muertes prematuras al año en el Reino Unido, reduciendo la incidencia de enfermedades cardiovasculares, ictus y diversos tipos de cáncer.
Estrategia nacional de horticultura
Ante estos desafíos, The Food Foundation propone la creación de una Estrategia Nacional de Horticultura que vincule los objetivos de salud pública, producción agrícola, seguridad alimentaria y adaptación climática.
Entre las medidas planteadas figuran el establecimiento de objetivos legales para aumentar tanto el consumo como la producción nacional de frutas y verduras, el fortalecimiento de los programas escolares de distribución de fruta, una mayor presencia de estos productos en la contratación pública y un apoyo decidido a los productores locales.
La organización sostiene que aumentar la disponibilidad y el consumo de frutas, hortalizas y legumbres no solo mejoraría la salud de la población, sino que también contribuiría a reforzar la resiliencia del sistema alimentario británico frente a los crecientes impactos del cambio climático.



